Abuso Sexual en la Infancia: herramientas para detectar y acompañar

8 de cada 10 niños en situación de maltrato, violencia o abuso tienen como victimarios a familiares o conocidos.

SOCIALES 11 de julio de 2023
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Según la guía de Unicef para para tomar acciones y proteger los derechos de niños, niñas y adolescentes (NNyA), el abuso sexual contra elles remite a prácticas sexuales (desde tocamientos, exposición de los órganos sexuales y masturbación frente a une niño o adolescente hasta violaciones) impuestas por una persona adulta independientemente de la forma en que se ejerza la coerción. Es una de las expresiones más crudas de las violencias que atentan contra la integridad, vida y bienestar físico, psicológico y emocional de niños y adolescentes. 

Se daña su derecho a la integridad, la intimidad, la privacidad y, principalmente, se vulnera el derecho a no ser expuesto a ningún tipo de violencia, abuso, explotación o malos tratos.

Estos derechos se encuentran protegidos a nivel internacional por la Convención sobre los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. A nivel nacional y provincial se destaca la Ley Nacional 26.061 de Protección Integral. 

El abuso sexual es una forma de violencia previsto en el Código Civil y Comercial de la Nación, que en su artículo 647 prohíbe específicamente cualquier tipo de malos tratos o hechos que lesionen o menoscaben física o psíquicamente a los NNyA por parte de quien tenga a su cargo la responsabilidad parental. Además, es un delito sancionado penalmente por el Código Penal de la Nación en su Título III “Delitos contra la integridad sexual”.

Datos para derribar los mitos

Según el Ministerio Público Tutelar, 8 de cada 10 niñes en situación de maltrato, violencia o abuso tienen como victimarios a familiares o conocidos de elles.   

Según datos del Programa Nacional Las Víctimas contra las Violencias del Ministerio de Justicia de la Nación, desde 2017 hasta octubre de 2022 en Argentina se registraron 14.424 casos de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual. Desde finales de los ‘90 las denuncias se han incrementado sostenidamente y este cambio se explica porque existe una mayor sensibilización social y mejoras en el acceso a las denuncias Sin embargo y a pesar de que constituye un problema creciente en el mundo, la mayoría de los casos no son detectados ni denunciados. 

Circulan muchos mitos alrededor de esta temática. Se suele creer que, por ejemplo, que los abusos sexuales ocurren contra NNyA de familias con menores recursos cuando en realidad ocurren sin distinciones en todos los estratos socioculturales. Según Unicef, el mito se explicaría por la existencia de un subregistro estadístico de los casos que afectan a los niveles socioculturales más acomodados, ya que suelen denunciarse aún menos que el resto.

Otra creencia difundida es que las denuncias de abuso sexual suelen ser falsas. La realidad es que sólo una minoría de los casos de abuso sexual contra NNyA se conoce y se denuncia porque la gran mayoría de los niños suelen callar por temor a represalias y por culpa o vergüenza. Muy pocos abusos se logran comprobar pero allí donde radica la importancia de la escucha y de la validación de los dichos de niños y adolescentes.

¿Cómo detectar y acompañar?

A diferencia del maltrato físico, cuyo diagnóstico depende de la posibilidad de ver las lesiones, y de la negligencia adulta hacia el bienestar infantil que se diagnostica al ver niños privados de los cuidados parentales básicos (desnutrición, falta de escolarización, sin cuidados médicos básicos, entre otras formas de vulneración de sus derechos), la detección del niño o niña que fue o está siendo víctima de abuso sexual depende de escucharlo para saber qué pasó y de prestar especial atención a algunos indicadores como incremento de pesadillas y problemas para dormir, conducta retraída, estallidos de angustia, ansiedad, depresión, rechazo a quedarse solos con una persona en particular y también conocimiento inapropiado para la edad acerca de la sexualidad, que se manifiesta mediante conductas y lenguaje sexualizados.

El acceso a la información sobre esta problemática es vital para promover la concientización, la sensibilización, la detección y la protección de sus derechos así como la plena implementación de la ESI en todos los niveles.  En todos los casos, se deben tomar recaudos para proteger al niño o la niña. Esa protección implica, entre otras medidas, procurar que reciba contención y atención inmediatas, y dar intervención a la Justicia. Les NNyA no deben ser interrogados bajo ninguna circunstancia. Sólo se debe procurar la información mínima sobre el hecho que permita determinar qué paso, cuándo, dónde y quién lo hizo.

Es importante asegurarle que no es su culpa y reforzar la idea de que fue muy valiente al atreverse a develar lo sucedido, ya que representa el inicio de su recuperación. Después de agradecerle por haberlo contado, se le debe garantizar asistencia y protección e inmediatamente buscar ayuda.

En el contexto profesional es recomendable que médicos, psicólogos, docentes y trabajadores sociales registren los dichos textuales del niño. Por otro lado, nunca se debe obligar al niño a hablar en el ámbito familiar frente al adulto sospechado, y mucho menos enfrentarlo con él.

Para mayor información se recomienda la lectura de la Guía de Buenas Prácticas para el abordaje de niños/as, adolescentes víctimas o testigos de abuso sexual y otros delitos. Fue creada por Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de las Provincias Argentinas (JUFEJUS), Asociación por los Derechos Civiles (ADC) junto a UNICEF Argentina y se encuentra disponible en:

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