8 de marzo en perspectiva económica: brecha laboral y tiempos de cuidados

Desde la firme convicción de que es preciso que las políticas públicas se diseñen a partir de reconocer las desigualdades estructurales que nos atraviesan por razones de género, nos proponemos aportar datos concretos acerca de las principales brechas de trabajo, ingresos, de patrimonio y de tiempo de cuidado entre varones y mujeres.

EL PAIS 08 de marzo de 2024
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Desde el Observatorio de Género del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) vienen contribuyendo a la discusión pública incorporando la perspectiva de género a nuestros análisis económicos. Asimismo, nos propusimos construir datos que reflejen las desigualdades económicas que atravesamos las mujeres y diversidades con respecto a los varones. 

Desde la firme convicción de que es preciso que las políticas públicas se diseñen a partir de reconocer las desigualdades estructurales que nos atraviesan por razones de género, nos proponemos aportar datos concretos acerca de las principales brechas de trabajo, ingresos, de patrimonio y de tiempo de cuidado entre varones y mujeres. Visibilizar estas desigualdades es condición necesaria, pero no suficiente, para construir una sociedad más justa e igualitaria.

En segundo lugar, analizan la contracara de la feminización de la pobreza: la subrrepresentación de las mujeres en los impuestos que gravan la riqueza. Así, nos acercamos a los datos que dan cuenta de la brecha patrimonial y la masculinización de la riqueza: las declaraciones juradas del Impuesto a las Ganancias y el Impuesto a los Bienes Personales.

En la tercera parte del informe, se adentran en el análisis de la política económica impulsada por el nuevo gobierno a través de la ejecución presupuestaria. Así, relevamos aquellos programas presupuestarios que hasta el año pasado estaban etiquetados con perspectiva de género para analizar su ejecución en esta nueva etapa política.

Brechas de trabajo(s) e ingresos

 Actividad económica, desocupación e informalidad al tercer trimestre de 2023

A septiembre de 2023, cerrando el tercer trimestre del año pasado, la actividad económica registró una caída del 0,7%. En ese marco, la tasa de actividad de las mujeres alcanzó un 52,3%, un aumento de 1,2 puntos porcentuales (p.p.) respecto al mismo trimestre de 2022 (51,1%). Por otra parte, la tasa de actividad de los varones (70,7%) registró un incremento de 0,3 p.p. con respecto al mismo período de 2022 (70,4%). Así, la brecha se ubicó en 18,4 puntos porcentuales. Es preciso destacar que la tasa de actividad de las mujeres se encuentra en niveles históricamente altos.

Al mismo tiempo, la tasa de desocupación marcó un descenso con respecto a igual trimestre del año 2022, siendo la más baja de los últimos 8 años. La tasa a nivel general fue de 5,7%, ubicándose 1,4 puntos porcentuales (p.p.) por debajo del mismo período de 2022 y 4 puntos por debajo de lo registrado al tercer trimestre de 2019 (durante la administración de Cambiemos). Como se puede apreciar en el gráfico siguiente, las tasas de desocupación (tanto general, como de mujeres y varones) se encuentran en niveles muy bajos en términos históricos.

Ahora bien, la reducción del desempleo no tiene el mismo correlato en las mujeres que en los varones. La tasa de desocupación en las mujeres fue del 6,3%, mientras que en los varones fue del 5,3%. En este punto hay dos dimensiones que resultan interesantes de destacar: la primera es que el desempleo de las mujeres se ubicó, y se ubica históricamente, por encima del nivel general. La segunda es que, la brecha entre varones y mujeres se ubica en 1 punto porcentual -es decir, una caída de 0,3 puntos porcentuales por debajo de la brecha registrada al tercer trimestre de 2022 (1,3 p.p.).

Para abordar la desigualdad en el acceso al mercado de trabajo resulta necesario aplicar una mirada interseccional, que permita ir complejizando el análisis del fenómeno a medida que se le incorporan otras dimensiones. Una de ellas de suma relevancia es la edad de las personas trabajadoras: cuando observamos el acceso de la juventud al empleo los indicadores se deterioran notablemente. La tasa de desempleo de los varones y las mujeres jóvenes (entre 14 y 29 años) fue de 11,9% y 12,7%, respectivamente, y ambas se ubican más que duplicando la tasa general. Pese a ello, es destacable que ambas tasas son las menores de los últimos 8 años.

Durante el tercer trimestre de 2023, la tasa de informalidad se ubicó en 35,8%, 1,6 p.p por debajo del mismo trimestre de 2022. Tal como ocurre con la desocupación, las mujeres son quienes tienen mayor participación en trabajos informales. En el tercer trimestre del 2023, la tasa de informalidad de las mujeres fue del 37,4%, con una caída interanual de 2 p.p, mientras que en los varones la reducción fue de 0,8 p.p., lo que significó un achicamiento de la brecha de informalidad (3,7 p.p en 2022 vs. 2,9 p.p en 2023).

Brechas de ingresos en el tercer trimestre de 2023

La desigualdad en las condiciones de acceso al mercado laboral tiene su correlato en lo que se conoce como brecha de ingresos. Esto es, la diferencia entre la masa salarial promedio de las mujeres y la masa salarial promedio de los varones.

Para graficar esta realidad, a continuación daremos cuenta de la brecha que se observa tanto en el ingreso personal como en el ingreso por ocupación principal. Durante el tercer trimestre del 2023, en los 31 aglomerados urbanos, los varones percibieron un 26,4% más de ingresos personales y un 22,6% de ingresos por ocupación principal que las mujeres.

Desigualdades en los tiempos de trabajo(s)

Además de los datos del mercado de trabajo, es importante analizar cómo se resuelven las necesidades de cuidado. Al año 2021 (último dato disponible), el 40% de los hogares en Argentina tiene al menos una persona demandante de cuidado (1), y en particular el 85,6% de esos demandantes son menores de 13 años. Ahora bien, ¿de qué manera se distribuyen las tareas de cuidado no remuneradas entre las personas que conforman los hogares? Esta distribución tiene impacto directo en la posibilidad de insertarse (o no) en el mercado de trabajo.

A partir de los datos proporcionados por la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT), se puede analizar la distribución de las horas diarias dedicadas por persona a las diversas actividades que componen el trabajo, incluyendo el “trabajo en la ocupación” y el “trabajo no remunerado” (TNR) (2). En este sentido, encontramos diferencias según género: las mujeres destinan en promedio cuarenta y dos (42) minutos más a trabajar (incluyendo ambas actividades que demandan trabajo) que sus pares varones, siendo el promedio de horas diarias destinadas al trabajo total nueve horas y veinte minutos (9:20) para las mujeres, y de ocho horas y treinta y ocho minutos (8:38) para los varones. Cabe aclarar, que se utilizó el “Tiempo con Simultaneidad” para calcular el promedio de horas diarias (3).

La diferencia en las horas totales de trabajo surge principalmente por la brecha en las horas dedicadas al trabajo no remunerado, donde las mujeres a diario destinan en promedio seis horas y media (6:31 horas) en comparación a las tres horas y cuarenta minutos (3:40) de los participantes varones. Es decir, hay una brecha de casi tres horas (2:51 horas) en promedio entre varones y mujeres en la dedicación diaria a las tareas de trabajo no remunerado. Esto tiene, a su vez, implicancias en la inserción en el mercado de trabajo remunerado, donde los varones dedican 1:32 horas diarias más que las mujeres en promedio.

En aquellos hogares que tienen demandantes de cuidado estas brechas se profundizan. Las horas promedio destinadas al TNR se ubican en nueve horas (8:59) en mujeres y apenas cuatro horas y media (4:36) en varones, incrementando la brecha de TNR a cuatro horas y veintitrés minutos (4:23), casi 3 horas superior a la brecha en hogares sin demandantes de cuidado (1:30 hora)

Aún más, en aquellos hogares que tienen más de 4 demandantes de cuidado, las horas promedio dedicadas al TNR se incrementan independientemente del género, pero no con la misma intensidad: mientras alcanzan poco más de trece horas (13:06 horas) promedio para las mujeres, sólo ascienden a casi cinco horas (4:54 horas) para los varones que participan de estas tareas, aumentando la brecha a poco más de ocho horas (8:12 horas).

En este tipo de hogares, hay una diferencia relevante en las horas que destinan varones y mujeres en su ocupación laboral alcanzando las cinco (5:19) horas, dado que las mujeres dedican en promedio cinco (5:04) horas diarias y los varones más de diez (10:23) horas. Esto significa que, frente a una mayor necesidad de cuidado en un hogar, las mujeres son quienes garantizan la cobertura a través de la dedicación de más horas de tareas no remuneradas y menor inserción en el mercado de trabajo remunerado.

Esta mayor carga de tareas de trabajo no remunerado sobre las mujeres que se observa en términos generales, se profundiza en aquellos sectores socioeconómicos de mayor vulnerabilidad.Esto se asocia a una menor capacidad de tercerizar servicios de cuidado, lo que reduce a su vez las posibilidades de insertarse en el mercado laboral. Esto se comprueba cuando se analizan los datos de tiempo de trabajo(s) incorporando la variable de hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (4).

La desigual distribución de las tareas de cuidado y su contracara, la desigual inserción de las mujeres en el mercado de trabajo, explican la brecha de ingresos que describimos anteriormente. A nivel agregado, esto se refleja en la distribución de los deciles de ingresos en función del género. Esto es, si observamos la décima parte de la población con ingresos más bajos (el decil 1), encontramos que el 63% son mujeres. A mayores ingresos, las mujeres van perdiendo peso relativo, hasta observar el otro extremo de la pirámide: en el decil de mayores ingresos (decil 10), sólo el 37% son mujeres. Estos fenómenos que conocemos como feminización de la pobreza y masculinización de la riqueza, serán retomados a lo largo de todo el informe.

ANSES

ANSES tiene a su cargo el pago de las Asignaciones Familiares correspondientes al subsistema no contributivo para los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo para Protección Social y la Asignación por Embarazo para Protección Social, según lo dispuesto por la Ley N° 24.714 y sus modificatorias. A partir del Decreto N° 504/2015 se incorpora la prestación por ayuda escolar. En conjunto, el subprograma denominado Asignación

Universal Para Protección Social alcanza a:

  • 4.246.551 beneficiarias de la Asignación Universal por Hijo
  • 134.056 beneficiarias de la Asignación por Embarazo
  • 3.546.564 beneficiarias y beneficiarios de la Ayuda Escolar Anual
  • 247.599 pensionadas por ser madres de 7 o más hijos

Estas partidas presupuestarias están siendo ejecutadas pero en términos interanuales representan una caída real del 53%. Pese a que la AUH fue incrementada en un 100% en el mes de enero de 2024, llevándola a $41.322, apenas alcanza a cubrir el 60% del costo de bienes y servicios de menores de 1 año, y menos del 20% del total de la canasta de crianza para la misma edad medida por el INDEC, que en enero superó los $200.000 mensuales.

 El poder adquisitivo frente al aumento de los servicios esenciales

El ritmo de la inflación del primer trimestre del gobierno de Milei fue voraz. Con un 25,5% en diciembre, un 20,6% en enero y una inflación proyectada en 16,5% para febrero, se acumula más de un 75% de inflación, contra salarios, jubilaciones y prestaciones sociales que tienen un ritmo de crecimiento muy por debajo de ese nivel.

A la importante pérdida del poder adquisitivo de este primer trimestre, se le suma la absoluta desregulación sobre los servicios esenciales. Salud, transporte y alimentos son rubros que tanto en diciembre como en enero suben por encima de la inflación. Esto es producto de una serie de medidas tomadas desde el gobierno nacional, especialmente a través del Decreto 70/2023 que retira al Estado de su rol de regulador en múltiples esferas de la vida. Por ejemplo, permite que las prepagas puedan aumentar sin límite alguno; elimina la Ley de Abastecimiento y la Ley de Góndolas que garantizaban herramientas para controlar precios y disponibilidades en los supermercados. A su vez, se avanzó con la quita de subsidios al transporte público, impactando en el precio del boleto de colectivo y tren, al mismo tiempo que se permitió que las petroleras aumenten sin límite el precio de las naftas.

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