Conflicto Municipalidad de Devoto: algo muy grave va a suceder en este pueblo

"Así se titula un relato de García Márquez que vine recordando a lo largo de la semana. Y finalmente, algo muy malo pasó", así comienza el escrito que una vecina de devoto subió a las redes luego de ver como el gobierno tiraba la comida de una olla popular a la basura.

REGIONALES 08 de junio de 2024 Pérez Natalia Pérez Natalia
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Foto original Devoto Digital

El viernes por la mañana de la localidad de Devoto se vio interrumpida por el sonido de los bombos del Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (SUOEM) que acompañaba el reclamo de empleados municipales que trabajan de manera informal para el municipio.  

Aunque el estado debería ser quien da el ejemplo a la sociedad realizando solo contrataciones de empleados en blanco, este municipio tiene mas gente trabajando en modalidad jornaleros que en planta permanente. Los empleados cobran menos de $190 al mes, sin obra social, sin aportes, si seguro, incluso sin uniforme y medidas de seguridad o salubridad. 

Entre ellos juntaron todos lo ingredientes para compartir una olla popular reivindicando su lucha y demostrando que son sueldos lo hambre los que paga el municipio devotense. Como respuesta el gobierno local envió a personal de bromatología que decomisó el contenido de las ollas, acción que despertó la indignación de los vecinos y las ciudades aledañas. 

Una vecina de la ciudad escribió un mensaje a la sociedad luego de ver el doloroso episodio. 

ALGO MUY GRAVE VA A SUCEDER EN ESTE PUEBLO… así se titula un relato de García Márquez que vine recordando a lo largo de la semana. Y finalmente, algo muy malo pasó.

Lo pensé el lunes al escuchar los bombos desde mi casa antes de que saliera el sol. Nunca pasa algo así en Devoto, tan raro es que parecía más probable que se tratara de un ensayo anticipado de la comparsa a que fuese un reclamo laboral.

El martes, otra vez los bombos y tambores al amanecer, pero esta vez, pude ver al pasar media calzada cortada, y fuego encendido que alcanzaba a reflejar el contorno de los manifestantes a un lado de la calle. Como todos, supongo, seguí con mis obligaciones y solo continué mi camino.

El miércoles, no había fuego: las luces que resaltaban en la oscuridad eran de los móviles policiales apostados junto al grupo de trabajadores, pero los bombos continuaban.

Lo que seguía dándome la sensación de que algo malo iba a suceder era el silencio. Como vecina no sabía bien qué pasaba, cuál era el reclamo, qué decía el intendente o cómo era el entramado de esto…

En fin. El viernes lo vi, finalmente algo muy malo pasó en mi pueblo.

Una olla popular, algo tampoco nunca visto en mi pueblo, con el humito saliendo y todo. Pero la olla no estaba en el fuego, sino en el piso, y unas manos con guantes de látex retiraban su contenido con una jarra plástica para tirarlo a la basura, sí, y delante de los comensales.

¿Será que el problema era la falta de guantes, o de una cofia … ? Me lo pregunto porque nunca vi que sacaran la faldeada del albañil que utiliza la vereda para asar y tiraran su comida ante las atónitas miradas…

Tal vez lo que molesta es la causa, o el lugar, pero no estoy segura de qué tanto molestaba la higiene de esa preparación comunitaria.

Quizás es porque aprendí a reconocer la necesidad en las miradas, a ponerme en el lugar del otro y tratar de imaginar cómo se siente, o porque en su momento viví también la incertidumbre de no saber qué poner en la mesa para alimentar a mi familia. Pero pienso que lo que sucedió es definitivamente muy muy malo. Esa comida no llenó ninguna panza, nadie se reconfortó con su sabor, ni se nutrió de ella, no fue saboreada, solo derritió el plástico negro de las bolsas de basura que intentaron contenerla. Recuerdo al instante a mis abuelas, y la importancia de la comida, lo sagrado de ella, sí, porque me enseñaron que es sagrada. La comida no se tira.

¡Qué lo parió! pienso, ni siquiera como una ofrenda para la Pacha sirve. Fue ni más ni menos que el acto más obsceno que presencié. Algo muy malo pasó en mi pueblo ayer, y no puedo menos que escribir lo que siento, y pedir perdón en nombre de quienes nunca lo harán, a cada adulto o niño que ayer se quedó con hambre. 

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