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REGRESA A SAN FRANCISCO EL PARLANCHÍN ANTIVACUNA QUE ENSEÑA COMO LAS PERSONAS VIOLADAS DEBEN PERDONAR A SUS ABUSADORES

No está vacunado y vende un kit anti-coronavirus

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Mientras  en  los vacunatorios  de San Francisco y  la región no  paran de  aplicar las  vacunas  con  la  finalidad de  evitar  una  nueva ola  de  contagios,  SE ANUNCIA  LA  LLEGADA  DE  CLAUDIO MARÍA  DOMINGEZ , EL  PARLANCHÍN  ANTIVACUNA  QUE  ENSEÑA  A  LAS  PERSONAS  VIOLADAS  A PERDONAR  A  SUS  VIOLADORES

 De repente irrumpe en la pantalla del canal opositor por antonomasia y ocupa el prime time del sábado por la noche. Con toda su velocidad   enmascara, en el incontenible fluir de las palabras, conceptos que pueden ser peligrosos, por ejemplo, en la última semana dedicó su tiempo a perorar sobre cómo manejar el perdón en los casos de abuso, como si no se tratara de un delito sino de un conflicto entre privados. SOCOMPA.

Mucha gente no tiene idea. No sabe por qué Claudio María Domínguez es un charlatán. Me doy cuenta. Veo su desorientación y siento escalofríos. ¿Por qué me preocupa desenmascararlo, habiendo gente tanto o más deleznable? Por cierto, no está entre los primeros charlatanes de mi lista. Existen muchísimas personas que hacen más daño que él. Pero, por esas cosas del destino, en varias ocasiones los medios donde trabajé quisieron que investigara su actividad. Desde entonces sigo su derrotero asombrado (mejor dicho, incrasombrado, que es una mezcla de incredulidad y asombro), desde que dejó de ser el Niño Prodigio de 1968 contestando sobre mitología griega en Odol Pregunta, hasta su nuevo rol de difusor de charlatanes, en 1995.

DOMINGUEZ  ENSEÑA  A  LAS PERSONAS  VIOLADAS A PERDONAR  A SUS VIOLADORES 

Ya era famoso (nunca prestigioso), pero su fama quedó asociada con el esoterismo popular cuando promocionó al “cirujano filipino” Alex Orbito, un embaucador que ni siquiera se tomaba el trabajo de disimular bien las ampollas para que los menudos y la sangre animal de que se valía para fingir que estaba operando no salieran en las filmaciones de sus  inexistentes operaciones quirúrgicas. En 1995, Domínguez se encargaba de la prensa de la Fundación Argentino Brasileña (FAB), que traía a Orbito a la Argentina para atender enfermos terminales. Domínguez vendió la publinota de Orbito en Filipinas como “investigación” para el noticiero de Alejandro Romay y escribió un librito propagandístico de sus supuestos milagros (del que luego abjuró). Cuando pacientes que se sintieron estafados reclamaron a la FAB, Dominguez hizo mutis por el foro. Ya tenía a Sri Sathya Sai Baba en la mira. En 1996 participó en varios programas donde exaltó la santidad del Swami y en otro libro vendió un reportaje a Sai Baba que nunca realizó. Casi enseguida tuvo la mala suerte de tropezar con la revelación de que Sai Baba era un abusador serial de menores (tema que cubrí para Zona de Investigación, en 2001) y volvió a cambiar de tema.

La siguiente transformación fue más radical: pasó de figuras internacionales como la Madre Teresa de Calcuta o el propio Baba a radiestesistas y curanderos que publicitaban en la revista Uno Mismo. Así, se dedicó a realizar reportajes pagos a modestos charlatanes en canales de cable, tema sobre el que produje otro programa en Zona de Investigación a pedido de Ricardo Cámara.

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A esa altura, Dominguez era un imán de charlatanes: si le daba pantalla a alguien, ese alguien, tarde o temprano, era candidato a ser denunciado o estaba a punto de convertirse eb protagonista de un escándalo.

El siguiente traspié lo dio en 2012, cuando, tras publicitar en varios programas de TV a Ricardo Javier Ocampo, más conocido como Maestro Amor, decidió apartarse de él apenas trascendió que había en la justicia firmes denuncias de abuso sexual a seguidores menores de edad. Así podríamos seguir, pero la siguiente fase fue, quizá, la más importante: dejó de promocionar gente dudosa para erigirse él mismo en gurú, autor serial de libros y conferencista full time.

Desde entonces, varios medios descubrieron en él un buen negocio. Más allá de las afirmaciones engañosas y pseudocientíficas que repite en cada programa, muchos televidentes aceptan e incluso sin duda deben disfrutar del speech con que el tipo hace el programa más barato del mundo: él solito charloteando a cámara o fingiendo dialogar con el director que, por esas cosas de la tele, nunca le responde.

Algo más. En 1995, cuando le hice mi primera y única entrevista, cometí el gravísimo error de comentarle en confianza que mi madre había enfermado de cáncer y había desistido de atenderse con Orbito, pues había comprendido que era un fraude. De alguna manera supo que mi vieja había fallecido. En un programa de Chiche Gelblung me acusó de haberle negado a mi madre la oportunidad de que salvara su vida. Esa experiencia horrenda me alcanzó para saber que el tipo es un perverso, pero seguí investigando para que otros pudieran comprobarlo con sus propios ojos.

Ahora ha montado en C5N un stand up siniestro, más cómodo que nunca en su papel de pastor heterodoxo, donde parece competir en una carrera contra sí mismo por sus afirmaciones sin pruebas, donde hablan sin parar y sin gracia, sobre todo cuando pretende hacer chistes. Despotrica contra la medicina basada en la evidencia invocando un desprecio esencial que se encuentra con más frecuencia entre los terapeutas que carecen de todo control externo, mejora con su chamuyo envolvente teorías conspirativas (clásicas, como el omnímodo poder de los laboratorios, o modernas como las “pleyadianas”), perfecciona especulaciones new age sobre “cómo la mente hace patologías” (el cáncer no es una enfermedad que se padece sino un castigo que el enfermo merece) y manipula a su audiencia para que llegue a la conclusión de que él es fuente de toda verdad, cuando solo estamos ante un sujeto histriónico que habla rápido y le vende a su audiencia lecciones de vida confusas, vertiginosas y peligrosas. Si alguien está a punto de tropezar, Claudio Maria Domínguez le pone el pie. Y ese es el peor de los chistes.

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