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El cartel de la Plaza Gral Paz y el porqué no se respetan las leyes

Una (no) sana costumbre

LOCALES 16 de julio de 2020 Pérez Darío Eduardo Pérez Darío Eduardo
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Cartel sobre uso de la plaza General Paz en la Pandemia , lo arrancaron y lo tiraron -

UNA  GRAN  CANTIDAD  DE GENTE  QUE  VIVE  EN  SAN  FRANCISCO  DEJÓ  CUMPLIR  CON LAS  NORMAS  BÁSICAS  DEL  COMPORTAMIENTO   EN LA  PANDEMIA  Y  ANTES  DEL  CORONAVIRUS  LO  HACÍAN  CON  MÍNIMAS  NORMAS  DE COMPORTAMIENTO.  ¿PORQUE  SE  COMPORTAN  ASÍ?

Basta con salir a la calle y ver: el conductor estaciona sobre el cordón amarillo, un cliente abre un paquete de galletitas que no pagó en un supermercado y otro viola los semáforos en rojo. Pequeñas instantáneas de nuestra vida cotidiana, infracciones a leyes de distinto calibre que se hacen al pasar, casi desapercibidamente, y cuya trascendencia, creemos, no va más allá que esos breves gestos. Si esas secuencias fueran un video que pudiéramos detener, rebobinar y volver a ver, la pregunta surgiría tan inmediata como necesaria: ¿por qué los argentinos nos especializamos en no cumplir las leyes? ¿Hay algo en nosotros, como pueblo, en nuestra cultura, que nos incita a avanzar sobre los límites de ley? ¿Qué tan fácil nos resultaría no evadirlas? INFOBAE

"Hay muchas hipótesis acerca de por qué los argentinos en general no obedecemos le ley", dice Martín Hevia, decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Torcuato Di Tella y doctor en Derecho por la Universidad de Toronto (Canadá), quien aclara desde el comienzo: "No hay nada que tenga que ver con rasgos de nuestra personalidad. A veces escuchamos decir 'Los argentinos somos así', y no tiene que ver con eso".

—Y entonces, ¿por qué?
—Es una pregunta apasionante, y muy compleja también. El jurista Carlos Nino, en "Un país al margen de la ley", un libro publicado en los años 90, decía que en Argentina nadie puede tirar la primera piedra en su relación con la ley, porque todos estamos inmersos en un equilibro social en el que, de alguna forma, sin darnos cuenta del perjuicio que causa, violamos alguna dimensión de la ley. Por más chiquita que sea, desde el estacionamiento hasta los casos más graves de corrupción. Nino habla de "anomia boba" para definir a esa situación en la cual hay violaciones de la ley, sin entender que eso nos perjudica a todos, que implica una serie de resultados problemáticos para el país. Entre otras cosas, no tenemos expectativas adecuadas acerca de cómo se va a conducir la gente.

—¿Podrías dar algún ejemplo?
—Un sociólogo del derecho, argentino, Marcelo Bergman, escribió un libro titulado "Evasión impositiva y las reglas de la ley en América Latina: la cultura política de la trampa y cumplimiento en Argentina y en Chile" (2009), comparando la situación en ambos países. Uno podría pensar que después de la cruentísima dictadura militar que tuvimos, ilegítima, el grado de cumplimiento de la ley de los argentinos, en un gobierno legítimo, legal, constitucional, debería haber aumentado. Y sin embargo, en relación al cumplimiento de las normas tributarias, no aumentó. En Chile, en cambio, la sociedad, en general, cumple con la ley. Y eso tiene que ver con dos cosas, dice Bergman. En primer lugar, con el origen, con el diseño institucional original, en el caso argentino. Un diseño institucional asociado a instituciones extractivas, básicamente, de la colonia, al monopolio de los españoles, y las dificultades para comerciar con otros países que ese monopolio implicaba. Muchas veces el resultado de hacer difícil el cumplimiento de la ley es que la gente la incumple, o se siente obligada a encontrar una forma de hacerlo que no sea la establecida en la ley. Por el otro lado, hay un equilibro social en el que la expectativa que cada uno de nosotros tiene es que el otro no va a cumplir con la ley. Y en ese equilibrio, aun cuando la ley sea muy buena, por más que tengas los derechos más reconocidos del mundo, los resultados del cumplimiento de la ley no van a ser efectivos. Entonces hay un problema con el origen y hay un problema del equilibrio inestable en que estamos -posiblemente perverso- del que es muy difícil salir.

—Hay gente que comete pequeñas infracciones a la ley y se ampara en que "los de arriba no tampoco cumplen con la ley". ¿Cuánto tiene que ver la corrupción en las esferas de poder en que el común de los argentinos no cumplamos la ley?
La pregunta relacionada es por qué esos mismo argentinos, cuando viajamos a Alemania –por citar el ejemplo típico- cumplimos con la ley sin ningún problema. No hay nada que tenga que ver con rasgos de nuestra personalidad. A veces escuchamos decir 'Los argentinos somos así', y no tiene que ver con eso, y tampoco tiene que ver necesariamente con la calidad de la ley en sí misma, con su diseño y contenido, sino que tiene que ver con el contexto cultural, donde "cultural" quiere decir un conjunto de prácticas sociales y expectativas que tenemos acerca de cómo nos comportamos nosotros. Y es cierto que en ese contexto, cuando los ciudadanos ven los casos de corrupción más fuertes, piensan en que hay impunidad. Es decir, hay un contexto cultural en el que es más costoso cumplir la ley que violarla. Porque el costo de violarla es chico, en la medida en que no haya una sanción efectiva, y que no haya incentivos para cumplirla.

     Antanas Mockus, dos veces alcalde de Bogotá, logró avances en la cultura ciudadana en relación a la ciudad—¿Qué pasa en otros países, por ejemplo Estados Unidos, si uno viola una ley pequeña? ¿A qué se expone ese ciudadano?
—En Estados Unidos también se viola la ley, y mucho. Lo que ocurre es que es posible el ciudadano que comete alguna infracción de ese tipo sea socialmente reprochado. En cambio cuando estás en un contexto, en un equilibrio, en el que eso no ocurre, no porque seamos malas personas sino porque no está mal visto violar la ley, no hay sanción social para este tipo de conductas. Tiene que ver con los incentivos que tenemos para cumplirla y con rasgos de nuestra cultura, que están presentes en algunos países y en otros no.

—¿Y cómo salimos de esto?
—Es una pregunta compleja, pero creo que hay algunas ideas. Por ejemplo, me parece que el liderazgo es fundamental. Un ejemplo: Bogotá, una ciudad que hace unos años estaba en una Colombia muy violenta y tuvo un alcalde, un jefe de gobierno, Antanas Mockus, que tomó una serie de medidas, sencillas, para generar conciencia en los bogotanos acerca de la importancia de cumplir con la ley. Tuvo algunas estrategias muy prácticas, que funcionaron. Por ejemplo, en los retenes policiales, rotar permanentemente el personal. Se trata de lograr que las personas que están sujetas a una situación en la cual pueden tentarse con la violación de la ley tengan un costo mayor por hacerlo. Puede haber soluciones, básicamente para romper este equilibrio perverso en el cual el costo de cumplir con la ley es más alto que el beneficio de hacerlo.

—¿Y pagar multas, por ejemplo? En España, por ejemplo, si no te ponés el cinturón de seguridad en un taxi pagás una multa…
—Esa sería la solución ideal. Pero todas las leyes de tránsito tienen, en general, esa multa. La pregunta es por qué no se cumple, por qué eso no es un incentivo suficiente para que la gente cumpla con las normas, o por qué estas no generan prevención. Y la respuesta es porque no hay cumplimiento, no hay expectativa de que esa norma vaya a ser cumplida. En pocas palabras: no pasa nada si no lo hace.

—¿No hay control del Estado?
—No hay control del Estado, aunque de a poco se van tomando medidas, como ubicar cámaras en el tránsito, por ejemplo. Pero hecha la ley, hecha la trampa: mucha gente sabe dónde están las cámaras. Hay formas de incentivar el cumplimiento de la ley, pero lo importante es cambiar esa percepción social de que el costo de cumplir con la ley es más alto que el beneficio. Por ejemplo, si uno tiene que pagar una multa, y sucediera que el lugar donde uno tiene que pagar la multa queda muy lejos de la casa de uno, es muy posible que no vayamos. Hay que facilitar el cumplimiento de la ley.

—Entonces, ¿las leyes las tenemos? ¿Cumplir la ley es una construcción colectiva que debe surgir desde el estado y desde la sociedad civil?
—Sí, en la mayoría de los casos, las leyes las tenemos. Y el diseño institucional que vamos teniendo puede ayudar mucho a cambiar este equilibrio en que estamos los argentinos.

—¿Cómo te imaginás la relación de los argentinos con la ley de acá a diez años? ¿Vamos a cumplir más o menos la ley?
—Yo espero que la cumplamos más. Si vemos el problema en perspectiva, hay que valorar que hace 35 años atrás no estábamos en democracia. Hemos cambiado, en términos históricos, de un régimen político que se interrumpía constantemente por golpes militares a un régimen político con muchos problemas que sufrimos todos pero con muchas cosas buenas: tenemos democracia, discutimos, tenemos marchas masivas, es un país en el que el derecho, para bien o para mal, tiene un papel muy importante. El año pasado, cuando la Corte dictó el fallo del 2 por 1, hubo una marcha multitudinaria: 500.000 personas en la calle por un fallo de la Corte Suprema. No sé si hay otro país del mundo donde eso ocurre. Hoy vivimos en democracia. Discutimos acerca del alcance de los derechos. Tenemos que mejorar nuestras instituciones, es cierto. Soy optimista, porque creo que de acá a diez años, las nuevas generaciones -como es mi caso, yo no viví en dictadura afortunadamente- van a tener el beneficio de vivir en una sociedad en la cual el respeto a los derechos sea lo más básico que haya. Y eso es una excelente noticia. Yo creo que el futuro, como decía Spinetta, "mañana es mejor". Espero que así sea.

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