Feria del Libro de San Francisco: Marcos Aramburu presentó "Pantanal", su primera novela de ficción inspirada en el viaje de su padre

El autor y comunicador abrió las presentaciones en el Superdomo compartiendo los detalles de su obra, basada en la travesía fluvial de cuatro meses de dos jubilados por ríos de Argentina, Paraguay y Brasil. Reflexionó sobre la amistad entre varones, el vínculo padre-hijo, la desaceleración del tiempo y la fortaleza de las generaciones mayores en el mundo concreto.
LOCALES07/11/2026Pérez NataliaPérez Natalia

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En el marco del inicio de la novena edición de la Feria del Libro de San Francisco, el escritor y comunicador Marcos Aramburu presentó este viernes a las 19 en el Superdomo "Pantanal", su primera novela de ficción. La obra toma como punto de partida la travesía real que realizaron su padre Roberto —a sus 73 años— junto a su mejor amigo de la infancia, Fernando, quienes dedicaron entre 10 y 15 años a construir un barco de aspecto rústico para navegar durante cuatro meses desde la zona norte del Gran Buenos Aires hasta el Mato Grosso brasileño.

Durante la presentación, Aramburu detalló cómo la experiencia real alimentó la narrativa del libro: "Como decías recién que está alimentada, digamos, de la vía real. Creo que es una novela. Entonces hay ciertos reparos entre el viaje efectivamente que se hizo y el viaje que se narra en el libro. Que en definitiva los dos son reales, pero que el insumo del libro este es un viaje que hizo mi papá hace un par de años. Mi papá tiene 75 años. Lo hizo a los 73, este viaje a los 72 junto a su mejor amigo de toda la vida, como un proyecto de jubilación. Estuvieron los últimos 10 o 15 años antes de jubilarse y los primeros post jubilación armando un barco para emprender un viaje hasta el Pantanal, que es en el Mato Grosso de Brasil, en el centro del continente. Y emprender ese viaje que llevaría unos cuatro meses aproximadamente con un barco chiquito y un tanto rústico que de aspecto parece una lancha almacén de las que viajan por el delta del río de la Plata. En la tapa está dibujado de manera bastante fiel. Y bueno, este viaje tiene sus aventuras y también tiene sus aventuras el viaje que está narrado de alguna forma. Y a través de eso es una excusa en realidad para ir hablando sobre la amistad entre varones, sobre el amor entre varones, sobre la relación de padre e hijo y algunos otros temas".

La cultura del río, el ritmo del tiempo y la reivindicación de las generaciones mayores

Al abordar la relación con el territorio hídrico y el Delta, el autor recordó la pasión de su padre y la impronta del paisaje isleño expresada también en la literatura argentina: "Todavía ama el río incluso más que navegar mi papá ama el río. Y nunca, nunca tuvo barco, nunca tuvo barco pero siempre tenía amigos que capaz nos invitaban o lo que sea. Él es una persona del río. Y en la zona norte del Gran Buenos Aires, en el Tigre, en San Fernando, son municipios y son territorios muy relacionados con el agua. En el municipio de Tigre cuando sube la marea hay una alerta municipal para que la gente sepa que tiene que dejar el auto en otro lado o digamos la relación con el río, con la orilla es muy fluida, digamos. Y el isleño, la persona del Delta también es un personaje especial. En el libro está narrado a través de algunos fragmentos de Roberto Arlt que ya en 1930 escribía sobre el isleño y uno podría encontrar muchísimas similitudes con el isleño de hoy, aunque es un delta totalmente distinto, mucho menos desarrollado hoy que en 1930. Y mi relación con el río es un poco esa, la de ser una persona de esa zona que cuando va a tomar mate, va a tomar mate al lado".

Frente a la inmediatez de la vida contemporánea, Aramburu remarcó el contraste entre la lentitud del viaje en barco y la velocidad digital actual, destacando además la destreza de los adultos mayores en el mundo material y cotidiano: "Hoy en día la velocidad es algo de todos los días. Hoy en día la velocidad es como el ritmo natural de las cosas es veloz. Entonces la lentitud pasa a ser algo llamativo y desafiante. Y lo traen un montón en el libro, esto en el viaje que ellos van haciendo, cómo van viendo también".

En esa misma línea de pensamiento, el autor profundizó sobre el aprendizaje surgido en el diálogo con la generación de su padre: "Encontré varias cosas. Primero que se puede hinchar las pelotas hasta viejo. Y segundo que en esta migración del mundo real a la digitalidad, es como que ciertas generaciones que en la digitalidad están muy débiles quizás, ¿no? Y están expuestos a estafas digitales o a no saber bajar una app. Pero que en el mundo este de la carne y el hueso y la tierra y el agua y el barro, todavía dan batalla, ¿viste? Y todavía tienen cierto dominio o control, ¿viste? Como que, bueno yo le dije una nota hace poco pero como que los millennials y los centennials somos muy cancheros para hablar de los viejos pero se te rompe una estufa y llamás a tu papá para que te preste la herramienta o para que la arregle o para, digo, hay como una relación que mi generación y las generaciones más jóvenes estiramos mucho la relación de hijos, ¿no? Si mi viejo a mi edad ya tenía tres pibes. Era otra cosa, no se llamaba a su viejo para que lo ayude en una mudanza. No sé, viste cosas así. Entonces hay algo de encontrar que una amiga ya más soledad habla de la fuerza de los viejos hoy, ¿no? Como que hay algo muy potente ahí".

Por último, el escritor conectó esa perseverancia de los mayores con la realidad social y política del país: "Bueno, el frente a este gobierno que ajustó un montón de frentes de la redundancia, la resistencia esa es más constante y sistemática la de los viejos, ¿viste? Que no son los únicos recortados. Obviamente son de los más afectados pero digo, son los que decidieron estar ahí todos los una vez por semana. Entonces hay algo ahí de reivindicar cierta fuerza vieja y de cierta potencia en este mundo de lo concreto. Porque a veces eso, la digitalidad los, sí, los expone a un mundo que no conocen, pero este lo conocen bastante bien".

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