Malvinas: carta de un soldado sanfrancisqueño a los alumnos de la escuela 36 Primera Junta

En un mundo sin Internet, sin mensajería instantánea esta carta es un testinio de como se vivía la guerra en nuestra ciudad. La historia de Nino Barra y de su familia cuando no llegaron más cartas. ¿Te imaginas no saber si tu hijo esta vivo? no saber si lo enviaron a la batalla.

LOCALES03/04/2025Pérez NataliaPérez Natalia
nino barra carta

Durante la guerra de Malvinas, en 1982,  en las escuelas se fomentaba al alumnado que escribieran cartas dando ánimos a los soldados que estaban en el frente de batalla, junto con abrigos y chocolates para ayudarlos a soportar las bajas temperaturas en el sur. En una época sin teléfono e internet los familiares aprovechaban los envíos de las escuelas para enviar cartas a sus hijos.

Si bien los abrigos y golosinas no llegaron, las cartas si lo hicieron. Y muchas de ellas tuvieron respuesta. Este es el caso de un sanfracisqueño estacionado en el Puerto Argentino Islas Malvinas,  Nino Barra, que envió una carta a la Escuela Nacional n°36 Primera Junta:

"Estimados maestras y alumnos: El motivo de esta carta es para hacerles saber que aquí nos encontramos muy bien, tanto mis compañeros como yo.  He decidido escribir estas líneas porque todos los días estamos recibiendo cartas que nos envían todos los colegios del país, y aún en las circunstancias que estamos viviendo, no me olvido de mi primera escuela y menos de aquellas maestras que con su ejemplo y buenas enseñanzas, guiaron mis primeros pasos en la infancia para formar a un adolescente, y que después de siete años de haber egresado, es decir hoy, estoy cumpliendo el servicio militar, aquí en el sur argentino. Esperando día a día, minuto a minuto entrar en combate, sin tener en cuenta mi ser con tal de defender mi patria hasta dejar mi vida en el campo de batalla, como lo hicieron más de medio siglo nuestros próceres San Martín, Belgrano y Guemes  y así, muchos más que forjaron con su espada el camino hacia la libertad para que hoy nosotros  gocemos de un país libre y soberano. Es por eso que no debemos decaer ni un momento, teniendo como ejemplo la imagen de aquellos que nos dieron libertad. Esto lo escribe un hijo, un amigo, un soldado argentino que quiere ver el día de mañana un país libre y grande. A mis maestros, alumnos de la querida como inolvidable escuela sanfrancisqueña,  les hago saber que todos los soldados estamos fervorosamente concientizados por la causa por la cual estamos luchando. Y que todas las mañanas, al izar nuestra enseña celeste y blanca nuestros corazones rebalsan de alegría y vibra nuestra voz al saludar la bandera nacional, pues bien sabremos que nuestro pabellón nunca jamás será arriado de las Islas Malvinas. Por eso mas de una vez sale de nuestros labios un ¡Viva la patria!. Con cariños para todos, vuestro amigo y exalumno (Fdo) Nino Barra". 

Familia, cartas, esperas y tapados de mujer

Su sobrina Ornella, se volvió un especie de historiadora de la familia publicó este 2 de abril la carta de Nino; y compartió un nosotros un poco de esa historia. El padre de Nino era un inmigrante que llegó desde Italia, luego de haber luchado en la Segunda guerra mundial. Marcado por sus propias vivencias una de las razones por la cual eligió Argentina como nuevo hogar para su familia, es que aquí no había guerras.

Pero el destino no comprende de deseos, ni de políticas internacionales. Eso quedó muy claro cuando Nino, el segundo de sus hijos salio sorteado.  Su hijo, ese mismo que quiso que nunca pisara el frente de ninguna batalla,  era ahora un conscripto convocado a cumplir el servicio militar obligatorio.  Nino fue uno de los "afortunados" que no llegó a estar en combate, estuvo apostado en  Comodoro Rivadavia, Chubut, como paracaidista. 

La única forma de comunicarse con sus familiares eran las cartas, que podían llegar a tardar más de un mes en llegar. Los vecinos de esa época desfilaban cada mañana por el coreo Argentino mirando una pizarra que anunciaba quien había enviado carta con la esperanza de ver una carta de sus hijos o hermanos que confirmaran que seguían con vida. 

Enviar una carta no solo era lento, para los tiempos modernos, también era costo. La familia con arduo trabajo juntaba moneda a moneda para enviarle cartas a Nino al sur, hablaban con la escuela que quedaba a unas cuatro cuadras, y los alumnos agregaban sus palabras, acompañadas de chocolates y abrigos. De todo eso solo las cartas llegaron a las manos de Nino y a los demás soldados. 

Con el avance de la guerra la familia pierde el contacto. Solo quedaba la incertidumbre, sin saber si lo habían enviado a la batalla. Imaginando a su hijo de 18 años saltando de avión a merced del ejercito británico, como pequeños pajaritos siendo derribados.

Las cartas  se interrumpen, solo queda una amarga espera, sostenida por la fe y la esperanza devolver a verlo. Lo piensan, lo sueñas, le escriben poemas evocándolo en su memoria. 

Una serena y silenciosa noche, la pareja estaba acostada en la cama.  La ventana de la habitación daba hacia la vereda de la calle Lamadrid a menos de 100 metros de la iglesia Cotolengo Don Orione. El sonido de una pisadas irrumpe el silencio a la media noche,el padre reconoce algo familiar en el sonido de ese andar, algo conocido. Despierta a su esposa y le dice "esos son los pasos del Nino".  

Antes de que el sopor del sueño interrumpido llegara a disiparse golpean la puerta. Se apresuran a abrir, ahí estaba. ¡Vivo!  parado frente a ellos, con un chico de un pueblo de la zona, envueltos en abrigos de mujer que consiguieron en el camino. Cuando terminó la guerra los dejaron ahí sin nada, sin ropa, sin comida, sin boletos de colectivo. Nada. 

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