La revoluciión más grande en la historia de San Francisco está pasando ( y pocos de dan cuenta)

Y sin  vuelta  atrás
LOCALES14/10/2026Pérez Darío EduardoPérez Darío Eduardo

Estamos viviendo una revolución que muchos no hemos notado. La inteligencia artificial y la alta tecnología han ingresado en nuestras vidas, en nuestras casas y en nuestras calles, convirtiéndose en algo cotidiano. Observa lo que ocurre en San Francisco: en poco tiempo, la gestión del agua potable de la ciudad estará a cargo de inteligencia artificial. Un algoritmo decidirá el flujo, la presión y cuándo interrumpir o aumentar el suministro. Algo tan fundamental como el agua, controlado por una máquina.

Ya contamos con semáforos inteligentes en el centro, que no operan con tiempos fijos, sino que se ajustan automáticamente según el tráfico. Antes, una persona se encargaba de eso desde una oficina; ahora, una computadora toma esa decisión.

Además, han llegado los tótems a las oficinas públicas. Te atiendes solo, tocas la pantalla, sacas un turno y realizas tu trámite, incluso puedes pagar con un código QR, todo sin necesidad de hablar con alguien. Parece conveniente, y lo es, pero detengámonos un momento a reflexionar.

Lo que hoy consideramos normal era, hace diez años, ciencia ficción. La tecnología está transformando nuestra vida sin pedirnos permiso. Nos está reemplazando, desde el control del agua hasta la interacción en la ventanilla del Estado. Gana en eficiencia y velocidad, pero perdemos el contacto personal, el saludo cordial con el empleado municipal.

No sugiero que sea algo negativo; simplemente, es un cambio que está ocurriendo. Tal vez tengamos que cuestionarlo más, ya que sucede tan rápido que no nos damos cuenta. La inteligencia artificial ya no es solo un robot de película. Se manifiesta en el semáforo que reduce nuestro tiempo de espera, en el tótem que gestiona el pago de tasas y en la tubería que decidirá si tenemos agua mañana.

La clave no es si la tecnología ha llegado; eso ya es un hecho. La verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a decidir cómo queremos que nos trate? Si no lo reflexionamos ni discutimos, terminará convirtiéndose en parte de nuestra vida de manera automática. Y cuando nos demos cuenta, podría ser demasiado tarde para elegir.

En San Francisco, la revolución ya ha comenzado, y está sucediendo mientras hacemos fila... frente a un tótem.

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