Falleció Susana Crosetto, una vida atravesada por la memoria y los derechos humanos

Docente, profesora de Historia y referente del Espacio por la Memoria, Susana Crosetto dedicó buena parte de su vida a mantener viva la historia de las víctimas del terrorismo de Estado. Hermana de Víctor Crosetto y coautora de Ausencias Presentes, dejó una huella profunda en la memoria de San Francisco y en quienes tuvieron la posibilidad de aprender con ella.
LOCALES03/10/2026Pérez NataliaPérez Natalia

Adrián María

San Francisco despide a Susana Crosetto, docente, profesora de Historia, escritora y referente de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Su vida estuvo profundamente atravesada por la historia de su hermano Víctor, víctima del terrorismo de Estado, y por una decisión que sostuvo durante décadas: que aquellas historias no fueran borradas.

Susana era hermana de Víctor Miguel Crosetto, abogado nacido en Morteros, secuestrado el 28 de junio de 1977 y asesinado al día siguiente, según los registros históricos. Su desaparición marcó para siempre la vida de Susana.

En uno de sus testimonios, Susana contó que, ante la persecución que sufría Víctor y mientras distintos domicilios de compañeros eran allanados, su hermano le pidió que juntara sus cosas y se fuera al pueblo para protegerla. Así llegó a San Francisco.

No volvió a verlo. Pero su hermano quedó para siempre con ella. Quedaron sus ideales, su forma de pensar, su compromiso y su manera de entender la vida.

“Él a mí me marcó, me marcó sus ideales, su forma de pensar, su lucha, para siempre, para toda la vida”, contó Susana muchos años después.

Durante una entrevista en el año 2023 contó que cuando llegó a San Francisco para comenzar sus estudios, conoció a María Depetris. Años después, ese encuentro se transformaría también en un trabajo compartido para recuperar la memoria de quienes habían sido víctimas del terrorismo de Estado.

Junto a María Depetris y Mirta Gallegos, Susana fue autora de Ausencias Presentes. Historias de vida de los desaparecidos y asesinados de San Francisco (Córdoba) y la región, una obra que recuperó las historias de 34 hombres y mujeres de la ciudad y la región.

El libro fue una parte fundamental de ese camino que Susana había comenzado mucho antes: mantener viva la memoria y transmitirla a quienes no habían vivido aquellos años.

Susana fue una de las referentes del Espacio por la Memoria y los Derechos Humanos de San Francisco y de la Comisión Memoria, Verdad y Justicia. Participó durante años en actividades, charlas y encuentros en los que volvió una y otra vez sobre las historias de quienes fueron perseguidos, secuestrados, desaparecidos y asesinados durante la última dictadura.

Hasta sus últimos meses, Susana siguió haciendo aquello que había elegido hacía tantos años: poner palabras donde otros habían intentado imponer silencio.

La profesora que enseñaba a mirar

Hay una parte de Susana que no puede quedar solamente en los libros, las actividades o los registros institucionales. Está en las personas a las que enseñó. Yo fui una de ellas.

Susana fue mi profesora de Historia. Y todavía puedo reconocer lo que produjo en mí aquella mujer que, desde un aula, consiguió abrirme la cabeza y cambiar para siempre mi manera de entender la historia.

Con ella entendí que la Historia no era algo lejano, viejo, perdido en un libro ni una sucesión de fechas que había que aprender para aprobar una materia. Entendí que la Historia estaba acá. En nuestra ciudad. En nuestras familias. En las personas que conocíamos. En las cosas que habían pasado antes de que nosotros llegáramos y que, sin embargo, seguían teniendo consecuencias en nuestras vidas.

Y muchos años después, la vida volvió a cruzarnos. Yo ya no era aquella alumna: era periodista. Y terminé entrevistándola muchas veces.

Volví a escuchar a la profesora que alguna vez me había enseñado desde un aula, pero esta vez frente a un micrófono, hablando de su hermano, de la dictadura, de la memoria, de los derechos humanos y de nuestra propia historia. Y continuar con la lucha. 

Enseñó. Escribió. Recordó. Preguntó. Militó. Contó.  VIVIÓ

Y dejó algo que no se puede medir solamente en libros publicados o actividades realizadas: dejó una forma de mirar. Una forma de mirar que llegó a  nuevas generaciones, que encontraron en sus palabras y su compromiso una manera de mantener viva la historia.

Hoy duele despedirla.

Duele porque San Francisco pierde una voz fundamental de su memoria, 

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