
Plantó vides y se prepara para producir vino y gin en nuestra región
Pérez Darío EduardoSastre, en pleno corazón sojero de Santa Fe y muy ceca de San Francisco, hay una franja de tierra donde está prohibido aplicar fitosanitarios. Son mil metros desde el borde del pueblo para las pulverizaciones terrestres y tres mil para las aéreas, una zona de exclusión que en una región donde la soja lo ocupa casi todo, convierte a esos lotes en tierra poco atractiva para la agricultura convencional.
Ahí, en un terreno de 1,6 hectáreas que hasta hace poco estaba tomado por los yuyos y prácticamente abandonado, Sergio Balbi acaba de plantar 800 plantas de vid. La idea no es solo hacer vino. Es construir, alrededor de ese viñedo, un espacio de agroturismo y agrogastronomía, con corderos y lechones al asador, degustaciones y hasta la posibilidad de traer una bodega para eventos.
Todavía no hay vino propio. Este año, mientras la vid empieza a crecer, Balbi planea comprar uva en el Valle de Uco o en distintos puntos de Mendoza para hacer una primera vinificación a modo de práctica y también para consumo propio. La vid recién va a entrar en producción en 2029, después de tres veranos. Para esa fecha espera tener los primeros vinos de producción enteramente local, después de completar la fermentación maloláctica pasado el invierno.
Balbi es hijo de una empleada municipal y de un hombre que tenía un camioncito. Fue a estudiar a la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, donde cursaba la carrera de Ingeniería en Alimentos. La inundación de Santa Fe y la crisis de 2001 lo agarraron estudiando.
Abandonó la carrera en tercer año y se fue a trabajar al sur, a Bariloche, donde manejaba un colectivo urbano. Ahí, casi de casualidad, conoció la cerveza artesanal en un momento en que esa actividad todavía era experimental en la Argentina. “No era el boom todavía, recién estaba pasando el primer desembarco de Antares en Buenos Aires, ni hablar de Rosario, no había llegado”, recuerda. En esa época ni siquiera existían las redes sociales para buscar información. “Uno ponía cerveza artesanal en Google y no aparecía nada”, dice.
“Un vino que recorre mil kilómetros para llegar a la mesa de un sastrense tiene una carga logística tremenda. Yo puedo llegar a producir vinos de buena calidad acá, a mejor precio”, plantea, y agrega que con el tiempo esas producciones locales van a terminar siendo relevantes en las próximas décadas.
El salto hacia el vino significó para Balbi meterse en un terreno que no dominaba. “El vino se compone de dos cosas, una parte es la agricultura y otra parte es la vinificación. La fermentación del vino y la maceración es lo que más cerca me queda, por la trayectoria que tengo, y la agricultura es la que más lejos me queda”, explica.
La plantación es reciente. Balbi hizo los 800 hoyos con la ayuda de un grupo de chicos del pueblo, en cuatro días, con material vegetal en raíz desnuda comprado en el vivero Mercier de Mendoza. “Hace dos semanas planté. Hoy fui a ver y ya tengo los primeros brotes”, contaba en el momento de la entrevista. Al no tener las raíces desarrolladas todavía, las plantas necesitan riego semanal de apoyo, pero a partir del segundo año, una vez establecidas, podrán trabajar en secano. La zona de Sastre recibe entre 900 y 1.200 milímetros de lluvia al año, un volumen que según Balbi sobra para la vid y que se da también en cultivos de zonas como Catamarca
La oportunidad se dio cuando una vecina de Sastre, dueña de un comercio en el pueblo, tenía un lote en el periurbano prácticamente inutilizado por los yuyos. Ese terreno estaba dentro del radio donde no se puede aplicar fitosanitarios, la misma limitación que durante décadas hizo que a nadie se le ocurriera plantar algo distinto a la soja ahí. “A nadie se le ocurriría agarrar una hectárea y media para poner un viñedo, era todo soja
Detrás de su predio está el hipódromo del hockey club, no hay campos de soja pegados al alambrado. Igual sabe que el 2,4-D es impredecible. “Las derivas de 2,4-D son impredecibles, pero creo que afectan a todos los cultivos y no importa la distancia. Si te cae una deriva sobre el campo y tenés esa mala suerte, seguramente te afecte bastante”, advierte.
El plan no termina en la vid. En octubre, en la segunda etapa del proyecto, Balbi va a plantar 80 paltos, con material traído de Mendoza, entre las variedades Torre, Fuerte, Edinger y Hass, todos sobre pie mexicano por su resistencia al frío, además de un portainjerto híbrido llamado Duke 7. “Vamos a empezar a hacer una experiencia ahí, a ver si podemos cultivar palta, porque con la tropicalización hay experiencias de cultivo de palta en Mar del Plata que están resistiendo bien”, explica,
Para dentro de tres años, calcula, va a tener una oferta completa entre cerveza, gin y vino, con la chance de sumar en el camino alguna otra producción. Mientras tanto, en la tierra donde nadie hubiera puesto un viñedo, las primeras vides ya están largando brotes.


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