La UTN de San Francisco tiene algo para decir sobre la gestión de las empresas agropecuarias: “La pregunta es por qué hacemos agricultura o ganadería de precisión si después no vamos a gestionar de la misma manera”

Informe Bichos de Campo
06/09/2026Pérez Darío EduardoPérez Darío Eduardo
Queremos contar cómo desde la UTN San Francisco, desde su Departamento de Ingeniería en Sistemas y el Departamento de Administración Rural, interdisciplinariamente, entre alumnos, egresados y docentes, ayudamos a ordenar la ‘oficina del campo’ y la empresa familiar. No hacemos software ni consultoría; buscamos poner en valor la Gestión Agropecuaria. La bautizamos GPA (Gestión de Precisión Agro) para machear con la agricultura de precisión”.
Con este mensaje del docente e investigador de la UTN San Francisco, Leonardo Maldonado Saluzzi, que recibimos en Bichos de Campo se inició la historia de esta nota que comartimos ahora con nuestros lectores. En ella el especialista nos interroga: “La pregunta es por qué hacemos agricultura de precisión o ganadería de precisión si después no vamos a gestionar de la misma manera”

Suele percibirse una distancia marcada entre los circuitos formales de difusión -grandes eventos urbanos, rondas de presentación tecnológica y el emprendedurismo de salón- y la realidad operativa de los establecimientos del interior. A menudo, esa agenda parece más un intercambio cerrado entre entendidos que un puente de soluciones para quien gestiona la tierra. Frente a esa brecha, asumimos el compromiso de actuar desde nuestro territorio: mientras en esos ámbitos abundan términos como ‘Inputs’ o ‘Mindset’, en la oficina del campo de escala intermedia la función de gestión real continúa estando desierta.

Acá en los establecimientos de escala intermedia, la función de gestión económico-financiera continúa estando estructuralmente vacante. Un productor puede contar con telemetría de precisión para la siembra o la cosecha y, al mismo tiempo, tomar las determinaciones estratégicas de su empresa con información desfasada, incompleta o fragmentada.

En la dinámica diaria surgen interrogantes concretos que trascienden la agronomía: ¿cuál es el margen neto disponible tras la venta de un camión de grano? ¿Es factible asumir el compromiso de adquisición de un inmueble o la formación universitaria de los hijos? ¿Por qué la disponibilidad de caja no coincide con la determinación del impuesto a las ganancias

Aparece allí una inconsistencia analítica: una firma que administra un capital significativo en activos, arriendos y riesgos, pero que en ocasiones define su rumbo a partir de estimaciones parciales o registros informales. Cabe preguntarse si una organización puede considerarse plenamente una empresa cuando la gobernanza sobre sus propios números no está consolidada. Del mismo modo, en momentos donde los Estados y los programas sectoriales promueven y financian las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) enfocadas en la dimensión ambiental y productiva, cabe reflexionar si la administración económico-financiera transparente no constituye la primera y más indispensable de las buenas prácticas.

El origen de esta falla es estructural. Cada actor cumple una tarea específica: el profesional contable atiende la liquidación fiscal, el asesor agronómico vela por la sanidad del cultivo, y la entidad financiera evalúa garantías. Sin embargo, no siempre se dispone del método que integre esas visiones en un indicador económico unificado.

Durante años se intentó resolver esta brecha requiriendo al productor una carga administrativa manual en sistemas contables rígidos, reduciendo su rol ejecutivo al de un simple ingresador de datos de un ERP. La situación actual es distinta. La digitalización obligatoria mediante el SISA y el ecosistema cada vez más ágil de registraciones intuitivas hacen que la información básica ya exista. El insumo está disponible; lo que ha faltado es la metodología para estructurar esos datos en indicadores de caja y resultados reales.

Desde la academia tenemos claro que existe una disociación crítica entre la tecnología que se incorpora al lote —drones, sensores o tambos robotizados— y la gestión integral de la empresa. Al no conectar los datos operativos con los distintos pilares del negocio (económico, financiero, de recursos humanos y ambiental), se genera un bache operativo que diluye los beneficios de la inversión tecnológica. Para encarar esa brecha se consolida la Gestión de Precisión Agro (GPA), orientada a articular de manera efectiva el management de la empresa con la precisión agronómica .

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