A once años de Ni Una Menos: cuando una adolescente de 14 años vuelve a ponerle nombre al dolor colectivo

A  11 años del primer Ni Una Menos se registraron 3.424 víctimas fatales de femicidios
EL PAIS03/06/2026
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FOTO PRIMERA MARCHA 3J 2015 SAN FRANCISCO. FOTOGRÁFA PATRICIA FERNÁNDEZ

Este 3 de junio se cumplen once años de la primera movilización de Ni Una Menos, aquella irrupción masiva que transformó para siempre la conversación pública sobre las violencias de género en Argentina. La fecha nació impulsada por la conmoción que provocó el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada en 2015. Once años después, el movimiento vuelve a encontrarse atravesado por una herida que duele de manera similar: el femicidio de Agostina Vega, también de 14 años.

La coincidencia no es un dato menor. Es un recordatorio brutal de que las razones que llevaron a miles de personas a ocupar las calles aquel primer 3J siguen vigentes. Mientras organizaciones feministas, familiares de víctimas y distintos colectivos preparan nuevas acciones de memoria y reclamo, el asesinato de Agostina vuelve a poner en primer plano una pregunta incómoda: ¿qué cambió realmente para las niñas y adolescentes en estos once años?

Las estadísticas muestran avances en visibilización, pero también una persistencia alarmante de la violencia machista. De acuerdo con el Observatorio de Femicidios "Adriana Marisel Zambrano" de La Casa del Encuentro, desde aquel primer Ni Una Menos se registraron 3.424 víctimas fatales de femicidios, femicidios vinculados, transfemicidios y lesbicidios. Detrás de esa cifra hay además 3.840 niñas, niños y adolescentes que quedaron sin madre.

Los números de 2026 vuelven a encender las alarmas. Entre enero y mayo desde el Observatorio Mumala se contabilizaron 105 víctimas fatales de violencia de género: 80 mujeres y niñas asesinadas por razones de género, 5 víctimas vinculadas y 3 transfemicidios. Son cifras que evidencian que la violencia extrema continúa formando parte de la vida cotidiana de miles de mujeres y diversidades en el país.

Sin embargo, hay un dato que merece especial atención porque permite observar una dimensión muchas veces invisibilizada del problema. En abril las victimas falates eran 87, pero n el mismo período se registraron 172 intentos de femicidio. Es decir, casi dos tentativas por cada asesinato consumado.

Detrás de esos números hay mujeres que sobrevivieron. Hay vidas atravesadas por secuelas físicas y emocionales permanentes. Hay historias que no ingresan a las estadísticas de víctimas fatales, pero que también expresan la misma violencia extrema: la decisión de un agresor de intentar matar a una mujer por razones de género. El crecimiento de las tentativas muestra que la violencia no disminuye; en muchos casos, simplemente no alcanza su desenlace fatal.

Los datos relevados por distintos observatorios coinciden en señalar esta tendencia. Mientras los femicidios continúan ocurriendo con una frecuencia alarmante, las tentativas revelan un escenario aún más amplio de riesgo y vulnerabilidad para mujeres, niñas, adolescentes y diversidades.

Por eso, a once años de aquella primera movilización, Ni Una Menos no es únicamente una fecha de conmemoración. Es también una instancia de balance y de exigencia colectiva. Porque cada estadística tiene nombre, historia y afectos. Porque cada número representa una vida atravesada por la violencia.

La persistencia de los femicidios, el aumento de las tentativas y la continuidad de las violencias de género recuerdan que Ni Una Menos no surgió para convertirse en una consigna del pasado. Once años después, sigue siendo un reclamo urgente por el derecho más básico de todos: vivir una vida libre de violencias.

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