
_Denis Córdoba y Francesco Busso son los más chicos de la pensión del club. Con apenas 12 y 13 años, dejaron a sus familias para empezar a construir su camino en el fútbol, entre aprendizajes, amistades y una rutina que los hace crecer día a día._
Hay decisiones que no entienden de edad. Denis y Francesco lo saben bien porque a su corta edad dejaron sus casas, sus familias y sus rutinas para instalarse en la pensión del club y comenzar a perseguir un sueño que los une: llegar a ser futbolistas profesionales.
Denis llegó desde la vecina ciudad de Devoto y Francesco, desde San Martín de las Escobas, Santa Fe. Dos historias distintas que se cruzan en un mismo punto: el desarraigo temprano. “Lo que más extraño es mi familia”, dice Denis, con la simpleza de quien todavía está aprendiendo a convivir con esa ausencia. Francesco suma otros detalles que hacen a lo cotidiano: “Extraño a mi familia y también las comidas, aunque las de la pensión son muy ricas”.
El primer paso, ese que muchas veces cuesta más que todos, fue más llevadero de lo esperado. Denis recuerda su llegada un jueves por la tarde, cuando rápidamente logró adaptarse y sentirse cómodo. Francesco, con experiencia previa en otras pensiones, también encontró contención desde el inicio: “No me costó mucho porque los chicos son muy buenos y me incluyeron”.
La decisión de estar hoy ahí tampoco fue casual. En el caso de Francesco, tuvo que ver con la posibilidad concreta de crecer futbolísticamente: eligió el club porque le permite competir en AFA y contar con un lugar en la pensión, algo que no había encontrado en otras instituciones. Denis, en cambio, dió el paso junto a él: se acercaron, probaron, conocieron el lugar y decidieron quedarse.
Desde entonces, comparten no solo el sueño, sino también el día a día. Se levantan temprano, desayunan antes de ir al colegio, almuerzan, entrenan por la tarde, van al gimnasio y cierran la jornada con la cena antes de ir a dormir. Una rutina exigente, pero que encuentran disfrutable. “Lo que más me gusta es entrenar, estar con los chicos y jugar”, cuenta Denis mientras que Francesco coincide “Entrenar todos los días me permite estar con mis compañeros y en contacto con la pelota”.
La convivencia es otro de los pilares de esta experiencia. Entre risas, charlas y momentos compartidos, la pensión se transforma en un nuevo hogar. Denis destacó especialmente ese aspecto “Lo que más me gusta es estar con los chicos” aunque reconoce que la distancia con su familia sigue siendo lo más difícil. Francesco también lo siente así, sobre todo en aquellos fines de semana en los que no puede volver a su pueblo.
Entre ellos construyen vínculos fuertes. Son compañeros de pieza, de escuela y de camino. A ese círculo se suma también Lihuen Rufinati, con quien comparten gran parte del tiempo.
Más allá de su edad, encuentran referentes en los jugadores más grandes con los que conviven, entre ellos, jugadores del plantel profesional. “Es algo único y lindo, los veo como un ejemplo”, dice Denis. Francesco profundiza aún más esa admiración, poniendo el foco en quienes ya están más cerca del plantel: para él, compartir el espacio con jugadores que tienen proyección es un orgullo, y encuentra en ellos modelos a seguir dentro y fuera de la cancha; destacando su admiración por Emir Moisés, delantero de la primera local.
A pesar de ser los más chicos, ninguno siente ese peso. Al contrario, destacan el ambiente que se genera puertas adentro. “Se siente normal, como uno más”, cuenta Denis. Francesco lo explica desde otro lugar: “Nos hicieron sentir que somos todos una familia, que somos iguales”.
En ese proceso de crecimiento, hay figuras que se vuelven fundamentales: Claudia y Ale, encargados de la pensión, ocupan un lugar central en sus vidas. Ambos jugadores coinciden en algo que va más allá de lo cotidiano: “Son como nuestros segundos padres”. Denis los resume en la palabra “Corazón” por todo lo que representan para ellos y Francesco agrega el valor del acompañamiento y la enseñanza: destaca el cariño recibido y los consejos que apuntan no solo a lo deportivo, sino también a formarlos como personas.
Y si de consejos se trata, hay uno que atraviesa a ambos. Viene desde casa, desde ese lugar que hoy extrañan pero que sigue marcando el rumbo: “Salir para adelante y no mirar para atrás”.
El futuro todavía es una incógnita que prefieren construir paso a paso. Denis se imagina llegando a Primera y cumpliendo su sueño. Francesco, más enfocado en el presente, no se apura, aunque reconoce que le gustaría verse algún día en ese lugar.
Antes de cerrar, los dos miran hacia donde todo empezó. Sus familias. Denis deja un mensaje directo, cargado de emoción: “Los extraño mucho, voy a salir para adelante, espérenme”. Francesco elige el agradecimiento: reconoce el esfuerzo, los sacrificios y el acompañamiento incondicional, y devuelve todo en forma de cariño.
Lejos de casa, pero cada vez más cerca de sus sueños, Denis y Francesco empiezan a escribir una historia que recién comienza.(Prensa Sportivo)







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