
Amor por los colores: la historia de Iara Martínez, una vida ligada a Sportivo Belgrano

Hay pasiones que no se explican, se sienten; que nacen en la infancia, crecen con el tiempo y se transforman en una forma de vida. Así es la historia de Iara Martínez, una joven de 21 años que lleva a Sportivo Belgrano en el alma y que hoy defiende esos mismos colores dentro de la cancha, como jugadora del equipo de hockey de la institución.
“Estoy en el club desde que tengo memoria”, cuenta Iara. Y no es una frase hecha, desde muy chica pisa la cancha de la mano de su papá, viviendo cada partido, cada emoción, cada momento como propio. Ese vínculo temprano fue construyendo algo más profundo que el simple fanatismo: un verdadero sentido de pertenencia.
El amor por Sportivo Belgrano no es casual: es herencia, es familia, es historia compartida. Es ese recuerdo imborrable del ascenso en 2013, cuando, siendo apenas una nena, estuvo en la cancha junto a sus padres y su hermano, viviendo una jornada que marcaría para siempre su relación con el club. “Toda la vida lo vi”, resume, con la simpleza de quien no necesita demasiadas palabras para explicar lo que siente.
Su llegada al hockey del club también tiene algo de destino. Iara practicó este deporte desde muy chica, pero durante años estuvo alejada por distintas razones, entre ellas lesiones. Sin embargo, el deporte, y el club, siempre encuentran la forma de volver a cruzarse en el camino.
Fue una amiga, con quien compartió gran parte de su vida dentro del hockey, quien le propuso sumarse a Sportivo. “Desde chicas decíamos imagínate si algún día jugamos juntas ahí, y bueno, dicho y hecho”, recuerda. La invitación llegó en 2025, justo antes de la pretemporada. Dudó, lo pensó, evaluó si podía acomodarse, pero el corazón ya tenía la decisión tomada.
Así empezó una nueva etapa; hoy transita su segundo año en el hockey del club y no oculta su entusiasmo: “es muy lindo el hockey que están dando, este año se puso aún mejor. El grupo es muy lindo, venimos avanzando un montón y hay mejoras increíbles”.
Pero más allá de lo deportivo, hay algo que atraviesa toda su historia: el sentimiento. Ese que no se entrena, no se aprende, no se negocia. Ese que se lleva desde siempre.
La historia de Iara es la de tantos que entienden que un club no es solo un lugar donde se juega, sino un espacio donde se vive, se crece y se sueña. Donde el amor por los colores deja de ser una expresión para convertirse en una forma de estar en el mundo.
Porque cuando el sentimiento es genuino, no alcanza con alentar desde la tribuna. A veces, la vida te da la oportunidad de dar un paso más, de pasar del otro lado, de defender esos colores que te acompañaron desde siempre, y entonces, todo cobra sentido.


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