San Francisco: hace 50 años los hijos lo obligaron a anticipar el reparto de una millonaria herencia ¿ Que pasó después?

OPINIÓN 19 de junio de 2019 Por
Un campo, un herencia repartida antes de la muerte y un final distinto.
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Hace unos 50  años atrás en  San Francisco un señor de unos 70 con tres hijos bastante caraduras. Un buen día se le plantaron para que les repartiera la herencia en vida, o sea  las 200 hectáreas de campo que poseía , porque no tenían tiempo de esperar a que se muera. El tipo accedió y dividió sus bienes en tres partes iguales.

Cuenta la gente que uno de ellos salió de caravana con cheque en mano y no se volvió a saber de él hasta que se reventó el último centavo. El hermano del medio enterró la guita en el patio de la casa y, el día que le dio por desenterrarla, la inflación se lo había comido crudo. El tercero invirtió la plata y en unos años había hecho una fortuna. Moraleja rápida y sucia: lo que consigas depende directamente de las decisiones que tomes, del correcto equilibrio entre responsabilidad y audacia. Frente a idénticas circunstancias y con los mismos medios, le va a ir mejor al que le meta pila e ingenio que al que sea medio lento o directamente un caso perdido.

Volvamos a los hermanos chantas, ese claro ejemplo de que ‘el desempeño individual hace la diferencia’. Hay algo que es importante no pasar por alto: para que la diferencia en los logros se haya explicado por lo que cada uno hizo, fue necesario que los tres tuvieran ‘idénticas circunstancias, medios y oportunidades’. La cosa habría cambiado bastante si, por ejemplo, uno de los hermanos hubiera recibido el doble de herencia que el otro; o si alguno hubiera tenido muchos más gastos por padecer de una enfermedad crónica; o si alguno simplemente hubiese tenido suerte, cruzándose de casualidad con oportunidades que sus hermanos no. Incluso podemos imaginar que uno de los hermanos en particular tenía amigos que le consiguieron un negocio redondo… y así podríamos seguir hasta llenar un libro entero.

Si las IDÉNTICAS circunstancias, medios y oportunidades son condiciones fundamentales para que la diferencia dependa de cada uno, y si esas condiciones podrían no darse en los hechos, es peligroso (y falaz) invertir la lógica y asumir que los diferentes logros son prueba fehaciente de que unos se esforzaron más que otros.

Es igual de tramposo insistir en que ‘vivir en una meritocracia dependerá de que creamos en ella y en el valor de esforzarnos’, porque nada de eso va a llevar a que esas condiciones claves se cumplan si, para conseguir lo mismo, algunos tienen que trabajar muchísimo más que otros. Porque, ojo, que las circunstancias no determinen de forma absoluta tus posibilidades, y que con esfuerzo puedas conseguir más que sin él, no es sinónimo de meritocracia. Así, siempre habrá un Roberto o una Marta que a pesar de crecer en la villa ‘se recibió de médico con el mejor promedio de la facultad, mientras vendía pastelitos y cuidaba a sus 5 hermanos’. Irónicamente, estos casos −que son esporádicos y famosos precisamente por su singularidad− parecerían mantener viva la fe en la meritocracia. INSPIRADO EN EL GATO  Y  LA  CAJA

Pérez Darío Eduardo

Técnico Superior en Periodismo, Comunicación Institucional y Medios. Director de FM Romántica 90.7

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