La increíble historia del avión que está en el portal del Aeroclub

LOCALES 06 de febrero de 2019 Por
La historia del Guaraní II y su llegada al Aero Club San Francisco. El primer avión de diseño argentino en cruzar el Atlántico
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Primer avión argentino en cruzar el Atlántico.

UN FELIZ ATERRIZAJE. La historia del Guaraní II y su llegada al Aero Club San Francisco. El primer avión de diseño argentino en cruzar el Atlántico. Por Analía Romero Asef

La pasión por volar le pertenece al hombre desde que supo desafiar su propia naturaleza, aunque no es de multitudes, hay quienes disfrutan su tiempo libre en el aire desde el Aero Club de la ciudad. Hace  años que el “Guaraní II” llegó a la entidad, no sólo para señalizar la entrada del predio, sino también para convertirse en emblema y reliquia de la institución. Detrás de esa nave y su colocación en el pedestal, una historia aguarda ser contada.



El ingreso al aeroclub debió esperar 69 años para contar con el emblemático avión, señalizando la existencia del lugar, pues más allá del pequeño cartel reglamentario de vialidad sobre la ruta, nada indicaba la presencia del club. Hasta el setenta aniversario, nunca prosperó ninguna gestión para conseguir un avión fuera de servicio.


El dirigente de la institución y de la época de colocación del Guaraní, José Román, relató orgulloso la forma en que se consiguió la nave, y lo que ésta representa.  “No es fácil encontrar una máquina fuera de servicio para colocar afuera”, indicó Román. A través de una serie de pasos y “una buena dosis de suerte”, al decir del hombre, se conectaron con  un señor que hacía muchos años había sido piloto de la institución. El hombre sirvió de nexo para el arribo del avión que no fue por aire sino por tierra.


Mediante este piloto, Norberto Marchetto, que había formado parte de la institución hasta algún tiempo atrás, se realizó la gestión en la base aérea de Paraná. En aquélla ciudad había unos aviones desmantelados y hacía varios años fuera de servicio, precisamente lo que el Aero Club San Francisco necesitaba.

El 21 de mayo de 1965 el vicecomodoro Rogelio Balado voló entre Buenos Aires y París en un IA-50 Guaraní II matrícula TX-01 para exponerlo en Le Bourget y luego someterlo a ensayos de aeronavegabilidad en Istress. Siendo un avión de corto alcance, hizo escalas en Río de Janeiro, Recife, Dakar y Madrid. Voló 25 000 km en 63 h a una velocidad promedio de 400 km/h y una altura media de 3000 m, convirtiéndose en la primera aeronave de diseño latinoamericano en cruzar el Atlántico, el primero de este origen en ser expuesto en Le Bourget donde obtuvo la segunda mención especial presentada ese año. Luego el IA-50 fue sometido a intensos ensayos en tierra y vuelo para lograr la certificación



“Fue toda una movida traerlo, desarmarlo, transportarlo, intervino mucha gente; incluso hubo que cortar una parte de la cola, porque no pasaba por el túnel subfluvial.  Mucha gente fue hasta Paraná a ayudar a trasportarlo de manera voluntaria”, relató el presidente a Romántica. Más allá de la odisea que representó trasladar la nave, la satisfacción que trajo a los miembros del club, llegó a llenar los casi setenta años sin un emblema.


Cuando el Aero Club celebró su aniversario, el avión ya estaba en San Francisco, sin embargo el pedestal no había sido construido por falta de tiempo y presupuesto, por lo cual no pudo ser colocado donde correspondía. Permaneció casi un año estacionado en la plataforma, hasta que se pudo poner en el lugar donde estaba dispuesto.


Este avión no fue uno más, fue  una aeronave construida y volada en la época de oro de la aviación militar del país. Uno de los primeros transportes que tuvieron motor biturbohélice en América Latina, con mayor autonomía, velocidad y consumo. Semejante importancia, radica en que fue el primer avión construido en la Argentina en cruzar el Atlántico, pues sólo se realizaron 22 naves de este tipo, y una de ellas hoy engalana el ingreso al club. La nave tiene 19,6 metros de envergadura, 15 de largo y su cola mide casi seis metros.


Un fallido antecesor


Con anterioridad al Guaraní, en el club permaneció por largo tiempo un DC-3. Este avión fue encontrado en Colonia Marina, al parecer era tripulado por unos contrabandistas que lo abandonaron. En aquella época, el Aero Club quedó como depositario judicial y el avión fue trasladado a San Francisco. Estuvo por algunos años en la entidad y podía ser apreciado por todos, incluso por quienes transitaran por la ruta 19. Salió tres veces  a remate y no aparecieron compradores, por lo que la nave pasó a ser patrimonio del aeródromo.


Una vez que el DC-3 perteneció a la entidad, en la comisión directiva comenzaron a barajar dos posibilidades; que sirviera como elemento identificatorio del club o bien, venderlo y con ese monto adquirir aviones livianos. Finalmente prosperó la última postura, una importante reliquia histórica quedó reducida a chatarra y vendida por poco dinero. El avión era irrecuperable para volar, sin embargo podía haber cumplido perfectamente el papel que hoy tiene asignado el Guaraní II.


“Hay gente a la que no le gusta la historia, que no está en el tema de preservar cosas. Fue realmente una lástima que se haya perdido un DC3, una aeronave de mucho valor”, confesó Román. En el Aero Club sólo quedó una hélice de aquél antecesor, que puede verse en un monolito, dentro del predio.






 
Han pasado casi diez años de la colocación del Guaraní II, para algunos es simplemente un avión, otros ni siquiera se han detenido a observar, muchos desconocen su historia. Sin embargo, hay para quienes esta nave representa parte de su vida, años de trabajo, esfuerzo, dedicación, satisfacción, un anhelo cumplido, un arduo, duro, pero feliz aterrizaje. 

Pérez Darío Eduardo

Técnico Superior en Periodismo, Comunicación Institucional y Medios. Director de FM Romántica 90.7

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