La historia de los primeros autos que llegaron a San Francisco

LOCALES 04 de octubre de 2018 Por
Primeros autos y concesionarias en San Francisco. Un interesante trabajo que dejó el profesor José Navarro. Desde los Buick a la llegada de Ford-Chevrolet
1915-Studebaker

HISTORIA DEL AUTOMÓVIL EN SAN FRANCISCO - por el Profesor  JOSÉ NAVARRO
San Francisco se incorporó al universo del automóvil en época relativamente temprana, ello con respecto a su aparición en el país. El primero coche que llegó a la Argentina fue un Daimler, en 1895, importado por Dalmiro Varela Castex. En Córdoba, el automóvil fue introducido en 1904 por Pedro Groppo, aunque se desconoce su marca. 
Puede afirmarse que en los primeros lustros de 1900, el automóvil ya formaba parte del patrimonio de algunos sanfrancisqueños, en especial de aquellos pertenecientes a las clases acomodadas: industriales, comerciantes, hombres de campo y profesionales. Se sabe que en esos años, tanto en la ciudad como en poblaciones de la región, existían coches de distintas marcas, principalmente de empresas norteamericanas: Ford, Chevrolet, Overland, Buick, Studebaker, Dodge, etcétera.
De acuerdo a lo publicado por La Voz de San Justo en el libro Los cien años de San Francisco, uno de los primeros automóviles que circularon por nuestras calles fue el que pertenecía a Carlos Suter, aunque no se ha podido precisar de qué marca y modelo se trataba.
Lo cierto es que será recién a partir de 1915 cuando la venta de automóviles en San Francisco tomará impulso definitivo. En enero de ese año, por ejemplo, La Voz de San Justo publicó un aviso de la firma Carlos A. Bertoa (Seguros y Comisiones), en el que se ofrecían automóviles marca Buick, modelo 1915, cinco asientos, a 3.600 pesos.
Al año siguiente, el mercado se ampliará significativamente con la participación de las principales firmas de ramos generales de la ciudad. Así, por ejemplo, la firma Bernardo J. Bertello e hijos ofrecía el Studebaker, “el coloso de los caminos”, en distintos modelos, de 4 y 6 cilindros, a precios que oscilaban entre 3.800 y 4.650 pesos. Faustino Ripamonti, por su parte, publicitaba el Overland de turismo, para cinco pasajeros, con dirección a la izquierda o a la derecha y el Dodge Brothers.
A partir de 1917, la oferta de automóviles creció rápidamente y sin interrupción durante muchos años, fomentada su venta por una numerosa red de agentes y concesionarios.
En 1918 aparecen en La Voz de San Justo los primeros avisos publicitarios de las marcas Ford y Chevrolet. Representante de la primera era la firma Primo Gandini, que puso a disposición del público el Ford T en sus versiones chassis, voiturette , coupelet, laudaulette, doble phaeton y sedan, a precios que se ubicaban entre los 1.330 y 2.700 pesos.
Por su parte, Chevrolet, a través de la agencia de Eugenio J. Biggi tentaba al público con su coche para 5 pasajeros, a 2.850 pesos, que –según la propaganda– recorría 100 kilómetros con 12 litros de nafta.
En 1921 se produjo la inauguración de la agencia Ford, de Victorio Stornini y Alberto Pavone, seguramente la firma de venta de automóviles más importante que haya tenido San Francisco en los primeros tiempos. Comenzó a funcionar en calle Cabrera 1300 (esquina San Juan), y en abril de 1922 se trasladó a la avenida del Libertador 156 (hoy corresponde numeración impar). Finalmente, a mediados de 1926, se instaló en la tradicional esquina NE de Libertador y Belgrano. Esta firma, en su primera incursión publicitaria ofrecía el Ford Sedan, “el auto ideal para las cuatro estaciones del año”, a 3.500 pesos nacionales.
Un acontecimiento importante para los amantes del Ford aconteció el 18 de enero de 1925, día en que llegó a la ciudad la unidad número cien mil de esa marca, armada en el país. Por la mañana, el vehículo encabezó un desfile por las calles céntricas, seguido por unos trescientos coches, todos Ford por supuesto. Al mediodía, en el local de Victorio Stornini fue servida una comida en honor del piloto visitante.
En marzo de ese mismo año (1925), abrió sus puertas en la esquina de 9 de Julio y pasaje Uruguay (hoy Champagnat), la firma Aimettta y Paladini, concesionaria de los automóviles Chevrolet y Oldsmobile, con taller mecánico, servicio de lavado y engrase y venta de nafta en tambores.
Si bien en San Francisco los coches Chevrolet ya se comercializaban desde años anteriores, es indudable que fue esta nueva agencia la que convirtió a la marca en una de las líderes del mercado, equiparándola con Ford, su rival de todos los tiempos.
A lo largo de toda la década de 1920, el número de agencias de automóviles importados (todos de marcas norteamericanas, salvo la italiana Fiat) fue en aumento, al punto de constituirse en uno de los rubros comerciales más importantes de la ciudad. En el transcurso de los años veinte existían en la ciudad más de veinte agencias y concesionarias, a saber: Victorio Stornini (Ford y Lincoln), Aimetta y Paladini (Chevrolet, Pontiac, Oldsmobile y Oakland), Juan Curtino y Juan Ruffino (automóviles Dort); Pedro Blanzari y Forchino ( Fiat); Carlos Keller (Maxwell); Carlos A. Bertoa (REO); Humberto Battaglia (Buick); Scarafía Hnos. (Hudson, Essex y Maxwell); Miretti & Cia. (Rugby); Francucci & Cia. (Moon); Pedro Beltramone (Gray); Sapei Hnos. (Flint y Durant)); Lanzetti & Zúccaro (Nash y Ajax); Andrés Amongero (Chrysler y Plymouth); Alfredo Scocco (Whippet); Coggiola y Pirra (Graham Paige); Julio Bergero (Dodge); Cottani & Botta (Studebaker); Sapei Hnos (Flint y Hudson); Juan Vaira y Pedro Blanzari y Forchino (Fiat)).
En agosto de 1925, la concesionaria Studebaker, de Cottani & Botta, marcó un verdadero récord al vender durante ese mes 25 vehículos.
La incorporación del automóvil al quehacer diario de muchos sanfrancisqueños, influyó positivamente en el desarrollo de su vida social y económica y modificó el ritmo de la ciudad, creando una nueva dinámica urbana. En 1922, hicieron su aparición en el centro de la ciudad los primeros agentes de tránsito, dependientes de la Jefatura Política.
Además, se multiplicaron los talleres mecánicos, al igual que los garajes, y aparecieron los primeros negocios de alquiler de automóviles, como el de Piccottti y Guerrini, que se instaló en 1916 en Pueyrredón 1054 (hoy 53).
El aumento del parque automotor provocó también la aparición de numerosas “bombas surtidoras de nafta”, lo que puso fin a la venta de combustible en latas. La primera de ellas, fue inaugurada, con bombos y platillos, por la firma José M. Podio, en octubre de 1920, en Iturraspe 1146/54 (numeración actual). Inmediatamente después se instalaron numerosas más en distintos negocios de ramos generales, concesionarias de autos e inclusive en la vía pública. Esta modalidad comenzó a desaparecer a fines de la década de 1920, al inaugurarse la primera estación de servicio (como unidad comercial independiente), ubicada en 9 de Julio y Córdoba, propiedad de la firma Aimetta y Paladini , a la que prontamente se agregaron otras más.
También el automóvil suscitó entre la población un hondo espíritu deportivo, lo cual quedó patentizado en 1927 al constituirse el Automóvil Club San Francisco, organizadora de inolvidables competencias de fuerza limitada en su propio circuito de 14.810 metros de longitud, ubicado en el sector NO del ejido urbano. Ese mismo entusiasmo llevó a los dirigentes de la institución a organizar en 1928 el Primer Salón del Automóvil, todo un acontecimiento para la época.
En enero de 1928, Victorio Stornini presentó al público el sucesor del Ford T: el Ford A, un modelo que muy lejos estuvo de imitar el éxito de su antecesor, ya que solamente alcanzaron a fabricarse dos millones de unidades, circunstancia derivada de la dura recesión económica de esos años, y por cuanto la competencia había iniciado la fabricación de coches de 6 cilindros, de gran aceptación en el mercado.
La presentación del Ford A suscitó un clima de preocupación entre los poseedores del Ford T, ante las versiones que aseguraban que dejarían de fabricarse sus repuestos. A fines de setiembre de 1928, la Ford Motor Company se encargó de aventar esos temores. En un comunicado publicado en distintos medios de prensa del país (inclusive en La Voz de San Justo) la empresa automotriz hizo conocer su firme decisión de continuar con la fabricación de piezas y repuestos del Ford T, hasta –como dice Henry Ford– “el último coche de ese modelo haya desaparecido de circulación”.
En el año 1930 había en el país 435.822 automóviles (27,6 habitantes por automotor). A partir de esta cifra y considerando que San Francisco tenía entonces 21.326 habitantes, se concluye que por nuestras calles circulaban alrededor de 773 unidades. Actualmente, año 2010, existen en la ciudad alrededor de 25.000 automóviles patentados, es decir, uno cada 2,5 habitantes. La media en el país es de un automóvil por cada cinco habitantes.

Pérez Darío Eduardo

Técnico Superior en Periodismo, Comunicación Institucional y Medios. Director de FM Romántica 90.7

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