¿Por qué en San Francisco se escucha tanto " agarrenunapala" y no " agarrenunacomputadora ?

OPINIÓN 29 de julio de 2018
El origen de la expresión ¿Y ganás mucha plata haciendo eso? y otras que privilegian el la rentabilidad sobre el pensamiento.
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Hace poco tiempo  un señor preguntó a un brillante artista  de San Francisco sobre  cual era su medio de vida, la respuesta fue" de esto", mientras continuaba pintando su obra de arte. El preguntador puso cara de "se me perdió el perrito" , pegó media vuelta y  se fue.  La anécdota  contada por propia boca del artista, se podría sumar a  otras   frases locales : " mirá , lo  importante es  que sea un mucho trabajador y no uno de esos que andan hablando de filosofía todo el día " o  " las carreras de nuestra universidad serán las que decidan los empresarios ",  ni hablar de  la archi-famosa  " estudíá algo que te haga ganar mucha plata, con la vocación no se come, ni te vas a comprar  un auto".  A continuación  tres párrafos para entender a los que piensan así:

El “hombre de derecha”, a diferencia del de izquierda, suele ser renuente al estudio de las abstracciones y, por tanto, sus destrezas en el mundo de las ideas suelen ser deficientes; considera que la filosofía es una pérdida de tiempo, tan excéntrica como determinar el sexo de los ángeles. Es bastante evidente que el “hombre de derecha”, por su idiosincrasia, se ve mucho más atraído por la cosa tangible; la realidad, para él, no pasa por las elucubraciones ideológicas, sino por la materialidad. Prefiere, por lo tanto, el estudio de asignaturas más concretas como la economía o la administración de empresas frente a la filosofía, la sociología o la antropología. Basta echar un vistazo en las facultades dedicadas a la enseñanza de estas carreras para comprobar el perfil ideológico del estudiantado.

Esta natural inclinación por la cosa tangible que experimenta el “hombre de derecha” obedece a las propias ideas que lo rigen. En efecto, si algo caracteriza al liberalismo y al conservadurismo por igual, eso es el valor que asignan al individuo y a su dignidad, entendida como autonomía y autorrealización. Así pues, el “hombre de derecha” es empujado por su propio sistema de valores a seguir profesiones valoradas en el mercado, que le proporcionen independencia económica y dignidad. Al contrario, al “hombre de izquierda” le es propia una axiología más desprendida del valor material, pues considera que, en última instancia, la comunidad debería proporcionar su sustento. Luego, a la hora de escoger un ámbito de estudio no pone sobre la balanza la rentabilidad. La disyuntiva entre el “hombre de derecha” y el “hombre de izquierda” es, en definitiva, la que se da entre el mercado y el Estado; entre la producción y la distribución; entre la autonomía y el parasitismo.


Para el “hombre de derecha”, así pues, la cuestión de las ideas suele ser una pérdida de tiempo y las profesiones dedicadas a ellas son naturalmente “improductivas”. Al “hombre de derecha” le cuesta entender que las ideas son un instrumento de poder, puesto que a través de ellas representamos al mundo: quienes definen el sistema de ideas que se torna hegemónico, definen por añadidura la manera en que la sociedad piensa, siente y valora. La realidad que captamos a través de nuestros sentidos sólo encuentra significación en el marco de un sistema de ideas y, como dijo Jean François Revel, “las ideas mueven al mundo”.

OMAR MANSILLA 

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