La familia es una democracia participativa ( en respuesta a un conferenciante que asegura lo contrario)

OPINIÓN 21 de abril de 2018 Por
Un pediatra dijo en San Francisco " la familia no es una democracia". Brindamos otra mirada a esa expresión autoritaria. Uno de los mensajes al ME LO DIJO PEREZ de FMR90.7
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MENSAJE ENVIADO AL  " ME LO DIJO PÉREZ"  DE FMR90.7

 El pediatra luis  Orchanski  disertó en el Super Domo  San Francisco y dejó una inquietante frase:  "dejar de considerar la familia como una democracia". La autoritaria expresión merece otra mirada mucho más abarcativa: es cierto que una familia no todos los votos valen igual, pero tampoco es cuestión de " se hace esto porque mando YO y se acabó". No se puede obligar a un hijo/a a pertenecer a una religión, ideología . invito a leer  lo siguiente: 

El mayor valor que tiene una familia es la unidad. Estar unidos no quiere decir que todos actúen igual o piensen de la misma manera. Eso sería algo complicado de conseguir, y si fuera así, lo más probable es que se esté produciendo por algún tipo de represión o de funcionamiento anormal en la dinámica familiar. Estar unidos significa vivir en armonía en torno a ciertos valores esenciales compartidos. Se trata de integrar y de potenciar a los distintos miembros de la familia para que se valore el bien común por sobre los intereses individuales.

¿Cómo se logra esta armonía? ¿Cómo conseguirla cuando una familia está llena de personalidades, temperamentos y necesidades diferentes? Con el consenso, es decir, a través de acuerdos que todos los que forman parte del núcleo familiar asumirán como “suyos” porque, a pesar de que puedan no hacer felices a todos, saben que es lo mejor para la familia como unidad.

El consenso excluye todas las formas de autoritarismo o de prepotencia. La típica frase “aquí se hace lo que yo digo porque aquí mando yo” es un buen ejemplo de lo que no es consenso. Esta forma de actuar demuestra que a la persona solo le interesa su punto de vista. Y como mencionamos más arriba, para que haya consenso no solo es válida la opinión personal, sino también la de los demás.

Otra enemiga del consenso es la rigidez. Sobre todo cuando los hijos son pequeños, los padres caemos en la tentación de imponer nuestros puntos de vista porque, obviamente, sabemos que tenemos razón. Sin embargo, actuando así estamos perdiendo una gran oportunidad educativa al suprimir la posibilidad de que nuestros hijos se comuniquen con nosotros con confianza, sin temor y libremente para expresar sus opiniones, que, aunque puedan estar equivocadas, merecen ser escuchadas con respeto. ¿O queremos que nuestros hijos nos mientan u oculten lo que sienten? No olvidemos que el bien mayor de una familia es su unión y no el que uno solo tenga la razón.

La manipulación tampoco ayuda para el consenso. Manipular significa usar la astucia, el engaño y la falta de sinceridad para lograr salirse con la suya. La diferencia entre ser manipulador y ser tirano es que el segundo impone y le gusta que todos sepan que él manda, mientras el que manipula quiere imponer su voluntad de manera disimulada, dando la falsa apariencia de que la decisión ha sido tomada por todos, cuando en realidad es él quien la ha logrado imponer. Hay que consensuar haciendo entender por qué se está tomando una decisión con el fin de que todos estén de acuerdo y puedan seguir el camino trazado.

Por otro lado, el consenso no necesariamente contentará a la mayoría. Por eso someter las decisiones a votación no implica que estemos escogiendo el bien común. No se trata de democracia, sino de concordia. Por ejemplo: una familia compuesta por los padres y sus cinco niños pequeños acabaría, si aplicamos la democracia, desayunando helados, almorzando chocolates y comiendo chupetines. Obviamente, eso no es algo bueno para nadie.

Los padres tenemos el deber de enseñarles a nuestros hijos a priorizar el bien común de forma participativa. Esto se logra escuchando opiniones y respondiendo a las dudas. Cuando los hijos son pequeños, este tipo de discusiones serán pocas, pero se irán incrementando cuando los chicos vayan creciendo. El consenso no se enseña cuando ya son adultos. En pequeñas dosis, según las capacidades de cada edad, hay que inculcarles pacientemente la predisposición para concordar y el respeto por lo acordado.

Capítulo tomado del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan”. Giuliana Caccia. Editorial Planeta. Sello Diana.

Pérez Darío Eduardo

Técnico Superior en Periodismo, Comunicación Institucional y Medios. Director de FM Romántica 90.7

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