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De Chipión a Luxardo ; la adicción al dinero y sus mortales consecuencias

Para algunos el dinero es una droga tan poderosa como la cocaína. Un experimento con comida revela el origen de la adicción.

LOCALES 04 de enero de 2020 Pérez Darío Eduardo Pérez Darío Eduardo
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La  desesperación  por  tener  cada vez  más  dinero  enloquece a  muchos  más de  lo  que se  puede  suponer  y  en  la  región  de  San  Francisco   parece no  tener  límites  ó  si  lo  tiene  es  la  muerte.  Desde  el veterinario Colomé Vietti   que  contrató  a  dos  " sicarios"  para matar  a su  hermano  y  quedarse  con la herencia, pasando  por angurrienta   Mutual  de  Altos  de Chipión  y  sus  angurrientos  depositantes,  hasta  el asesinato  del  prestamista  Daniel Casermeiro ;  todos   adictos al  dinero.  La  Nación  publicó   una  investigación  sobre  la  relación  de  la avaricia  con la comida   y  el  patrón  social.

Los psicólogos Stephen Lea, de la Universidad de Exeter, Reino Unido, y Paul Webley, de la Universidad de Londres, creen que hay otra explicación para las actitudes obsesivas hacia el dinero: que actúa sobre nuestra mente como una droga adictiva, que le da el poder de llevarnos al juego compulsivo, al trabajo obsesivo y a la adicción a las compras. "Es una posibilidad interesante que éstas sean manifestaciones de una adicción más general al dinero", opina Lea.

Lea y Webley proponen que el dinero, como la nicotina o la cocaína, puede activar los centros de placer del cerebro. Por supuesto, el dinero no entra físicamente en el cerebro, pero puede funcionar de manera similar a la de un texto pornográfico, que puede excitar no por estímulos bioquímicos o psicológicos, sino actuando a través de la mente y las emociones.

Esto se ve en otro extraño descubrimiento. En un intento de darle una explicación evolutiva a nuestro comportamiento frente al dinero, Barbara Briers, de la escuela de negocios HEC, en París, y sus colegas decidieron estudiar si nuestro apetito por la plata se relacionaba directamente con el de la comida.

Hicieron tres descubrimientos: primero, que los voluntarios hambrientos eran menos dados a donar a la caridad que los que estaban saciados; segundo, que los que tenían grandes deseos de dinero fueron los que comieron más dulces; y tercero, que las personas daban menos dinero en un juego cuando estaban en una habitación con olores deliciosos, que cuando estaban en otra que olía de manera normal. Briers interpreta que esto indica que nuestro cerebro procesa las ideas sobre el dinero con los mismos mecanismos utilizados para pensar acerca de la comida, lo que causa que, en nuestra mente, los dos sean sinónimos.

Todavía falta entender porqué algunas personas se enloquecen a causa del dinero, mientras que otros no le dan mayor importancia. Los que lo persiguen hasta excluir todo lo demás no son necesariamente adictos. Algunos pueden ser codiciosos, y otros necesitados, personas sedientas de status o que lo utilicen para compensar sus problemas sociales. Lo que está claro es que el dinero, supuestamente una desapasionada herramienta de intercambio, provoca grandes emociones y conflictos mentales. Ya es tiempo de que los modelos de los economistas tengan esto en cuenta.

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